Escribe: Ángel Sánchez Dueñas*
*(Abogado, Periodista y Sindicalista; Presidente de la Federación de Periodistas del Perú y Secretario Nacional de Organización de la CTP)
En los últimos años, la cuestión de Taiwán ha adquirido un protagonismo singular en la política internacional y la estrategia de Beijing. Para el liderazgo de la República Popular China, encabezado por Xi Jinping, la reunificación con Taiwán no es solo un ideal político o un slogan diplomático: es una cuestión de soberanía, integridad territorial y proyecto histórico que Beijing considera inseparable de su derecho y responsabilidad como Estado. Esta posición se articula en una narrativa legal internacional propia, enmarcada en conceptos históricos, constitucionales y estratégicos, y defendida con firmeza en foros globales.
Orígenes históricos y fundamentos doctrinales
El principio de Una sola China
La base de la posición oficial china es el Principio de Una sola China (One China Principle). Según este principio incorporado en la constitución del Partido Comunista Chino y en la política exterior estatal “solo existe una China en el mundo, y Taiwán es parte de ella”. El gobierno de la República Popular China se presenta como elúnico gobierno legítimo que representa a esa China única, y rechaza cualquier interpretación que sugiera la existencia de “dos Chinas” o de una “China y Taiwán como dos Estados” separados.
La política oficial sostiene que este principio no es simplemente diplomático, sino que posee un carácter jurídico internacional y constitucional interno innegociable.
Interpretación histórica oficial
Beijing presenta su reclamo sobre Taiwán como parte de un relato histórico más amplio que remonta la soberanía de Taiwán a siglos atrás. La isla fue gobernada por dinastías chinas como la Yuan, la Ming y la Qing antes de ser cedida a Japón en 1895 tras la guerra sino-japonesa. Este episodio forma parte, en la narrativa china, de los llamados “siglos de humillación” y no es considerado un acto legítimo de transferencia soberana, sino un episodio impuesto bajo coerción externa.
Tras la Segunda Guerra Mundial, China considera que la soberanía sobre Taiwán fue restaurada en 1945 con la victoria sobre Japón, un argumento reafirmado por Beijing en declaraciones de sus portavoces, quienes señalan que la restitución de Taiwán fue parte del orden internacional que siguió a la guerra y que forma parte de los arreglos legítimos de soberanía tras el conflicto.

La política jurídica internacional bajo Xi Jinping
Resolución 2758: un pilar legal para Beijing
Una de las piedras angulares de la política jurídica de Beijing respecto a Taiwán es la Resolución 2758 de la Asamblea General de las Naciones Unidas (1971). Esta resolución restituyó a la República Popular China como representante de China en la ONU y expulsó a los representantes de la República de China, la administración que controla la isla de Taiwán desde 1949.
Beijing interpreta esta resolución no solo como un asunto de representación diplomática, sino como un reconocimiento internacional de la posición de una China única y como una base jurídica que refuerza su política de no permitir el reconocimiento formal de Taiwán como Estado independiente. Según Beijing, esta resolución es un consenso mundial que confirma su derecho soberano sobre la cuestión de Taiwán y refuerza el principio de no interferencia en sus asuntos internos.
Legislación interna: la Ley Antisecesión
La Ley Antisecesión de 2005, incluida formalmente en la política estatal, explica cómo China busca preservar su integridad territorial frente a cualquier intento de declaración de independencia formal por parte de las autoridades de Taiwán. Esta ley establece que:
- La prioridad es la reunificación pacífica.
- Sin embargo, Beijing no renuncia a considerar medios no pacíficos si fuerzas “secesionistas” formales intentaran declarar la independencia.
Desde la perspectiva oficial, esta legislación es una expresión legítima del derecho soberano del Estado a proteger su integridad territorial, y se presenta como compatible con las normas del derecho internacional que reconocen el derecho de un Estado a preservar su territorio.
Diplomacia jurídica: Beijing en los foros internacionales
Bajo Xi, la política jurídica internacional sobre Taiwán ha sido más activa y persistente. Beijing ha exigido a terceros Estados y organizaciones internacionales que reafirmen el principio de Una sola China como condición para mantener relaciones diplomáticas plenas. En declaraciones oficiales, portavoces del Ministerio de Relaciones Exteriores han rechazado cualquier intento de otras naciones de elevar el estatus internacional de Taiwán o de convertir a la isla en un actor con reconocimiento similar al de un Estado independiente.
Además, China ha defendido en múltiples ocasiones en foros multilaterales que sus acciones en torno a Taiwán —incluidas maniobras militares en el estrecho y advertencias contra terceros países que venden armas a Taipéi— son proporcionales a la defensa de su soberanía y están dentro de un marco jurídico que defiende la integridad territorial y la justicia histórica.
El estilo diplomático y la narrativa de Beijing
La política externa china desde la llegada de Xi Jinping ha sido descrita en los medios y análisis internacionales como más asertiva y, en ocasiones, combativa. Parte de este estilo se conoce como diplomacia del lobo guerrero, una expresión que describe un enfoque diplomático más vocal y directo que no duda en confrontar críticas externas abiertamente.
En el contexto de Taiwán, portavoces oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores han acusado a las autoridades taiwanesas de buscar la independencia valiéndose de potencias externas, especialmente a través de cooperación militar con los Estados Unidos, lo que Beijing considera una violación del principio de no intervención y una provocación que puede desestabilizar la región.
Comentarios de diplomáticos chinos y la narrativa oficial actual
Los representantes diplomáticos de Beijing han reforzado consistentemente varios puntos clave:
1. Taiwán es parte inalienable de China, sin admitir ningún tipo de independencia formal.
2. La reunificación es inevitable basada en historia común y en el orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial.
3. La administración taiwanesa que busca independencia es responsable de tensiones y riesgo de militarización en la región.
4. Cualquier interferencia extranjera es condenada como intento de contener el ascenso de China y de instrumentalizar la cuestión de Taiwán para objetivos estratégicos externos.
Precisamente, en una conferencia de prensa de finales de 2025, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores subrayó que los ejercicios militares cerca de la isla eran acciones punitivas y disuasorias dirigidas contra fuerzas independentistas y hacia la protección de la soberanía china, enfatizando la determinación de Beijing de responder a provocaciones.
Comentarios internacionales favorables a la posición de China
Aunque la posición de Beijing es polémica y rechazada por muchos actores globales —especialmente gobiernos que abogan por el reconocimiento de Taiwán o políticas más firmes de defensa de la isla— hay expertos y analistas que interpretan que:
- La política china sobre Taiwán es coherente con su historia estatal y con prácticas internacionales donde un Estado reclama continuidad soberana sobre un territorio histórico.
- La insistencia en el principio de Una sola China ha sido una política constante desde los años ochenta, consolidada y reafirmada ampliamente por la comunidad internacional en múltiples actos diplomáticos.
- La República Popular China ha utilizado históricamente herramientas jurídicas y diplomáticas para reforzar su posición, lo que muchos académicos perciben como una estrategia legítima dentro del derecho internacional positivo.
Por ejemplo, en análisis del ChinaPower Project, se destaca que Beijing no ha abandonado la posibilidad de esperar condiciones óptimas para una eventual reunificación —sea pacífica o forzada— y rechaza el statu quo permanente, mostrando que China no considera eternamente aceptable la separación de Taiwán del resto del país.
El proyecto de integración propuesto por Xi y el supuesto beneficio para Taiwán
Paradójicamente, la visión oficial china incluye lo que Beijing llama una oferta de integración beneficiosa para Taiwán:
“Un país, dos sistemas”: un modelo que permitiría a Taiwán mantener su sistema económico y cierto grado de autonomía administrativa tras la reunificación, mientras forma parte de una sola China. China ha presentado este modelo como un esquema “flexible y práctico” destinado a preservar los intereses taiwaneses en un marco de unidad nacional.
Cooperación económica y cultural: la narrativa oficial habla de vínculos económicos crecientes entre la China continental y Taiwán, así como de intercambios culturales y sociales que, según Beijing, fortalecen los lazos entre ambos lados del estrecho.
Oportunidades de desarrollo: Beijing afirma que la integración económica con la China continental —la segunda economía más grande del mundo— puede aportar beneficios materiales y oportunidades a la economía taiwanesa, aunque este argumento es altamente controvertido dentro de Taiwán debido a preocupaciones sobre pérdida de autonomía.
Sin embargo, esta propuesta ha sido rechazada por gran parte del espectro político en Taiwán, con líderes de la isla afirmando que la soberanía y la autodeterminación de los taiwaneses no son negociables, y que el modelo de «un país, dos sistemas» no es atractivo ni confiable, especialmente después de experiencias en otras regiones.
El contexto geopolítico actual y los desafíos globales
La política de Beijing sobre Taiwán no ocurre en el vacío. Está insertada en un escenario global de tensiones estratégicas, rivalidades entre grandes potencias y disputas sobre el equilibrio del poder en Asia Oriental. Por ejemplo:
Recién en 2025, la premier china reafirmó que China “trabajará firmemente para avanzar la reunificación”, removiendo incluso el adjetivo “pacífica” en declaraciones oficiales —lo que sugiere una retórica más firme.
El tema de Taiwán figura como uno de los más sensibles en la relación entre China y Estados Unidos, con Beijing insistiendo en que cualquier venta de armas o apoyo militar a Taipéi es una provocación que atenta contra su soberanía.
Al mismo tiempo, países como los miembros del G7 han comenzado a modular sus comunicados sobre la isla en términos que, según observadores, presionan a Beijing y ralentizan la hegemonía de su narrativa de Una sola China.
Este contexto internacional competitivo hace que la política jurídica y diplomática de Xi Jinping sobre Taiwán se vuelva aún más relevante en la agenda global, con implicaciones que van desde la seguridad regional hasta alianzas estratégicas y economía global.
Conclusión histórica
La posición oficial de China sobre Taiwán bajo Xi Jinping es una mezcla deliberada de historia, derecho, política interna, diplomacia internacional y estrategia geopolítica. Beijing define la reunificación como mandato histórico, obligación constitucional y objetivo ineludible, y utiliza normas jurídicas internacionales, resoluciones multilaterales y una narrativa histórica cuidadosamente construida para respaldar esa posición.
La política jurídica internacional de Xi ha fortalecido la insistencia china en el principio de Una sola China, ha promovido una defensa vigorosa de la soberanía territorial y ha convertido al tema de Taiwán en un elemento inseparable del proyecto estratégico chino. Aunque la propuesta de integración incluye elementos que Beijing presenta como beneficiosos para Taiwán, tales planteamientos se enfrentan a profundas resistencias dentro de la sociedad taiwanesa.
En un mundo cada vez más multipolar, donde las tensiones entre grandes potencias moldean la política regional en Asia Oriental, la cuestión de Taiwán sigue siendo una de las más complejas y disputadas. Para Beijing, Taiwán no es un asunto negociable; es una pieza central del mapa político y jurídico que define la identidad de la República Popular China en el siglo XXI.
Integración económica de Taiwan al mundo
¿Qué beneficios económicos globales plantea Beijing ante una eventual unificación de Taiwán?
En los últimos años, la narrativa oficial de Beijing no se ha limitado a justificar la reunificación desde una perspectiva histórica o jurídica: también ha buscado enmarcarla como un proceso que, si se maneja con prudencia, podría generar beneficios tangibles para la economía global. Aunque esta visión es objeto de debate entre economistas y analistas estratégicos, su inclusión en el discurso oficial chino revela cómo el gobierno de Xi Jinping intenta construir una narrativa integral que vaya más allá de la soberanía para incluir rendimientos económicos compartidos.
Integración productiva y cadenas globales de valor
Uno de los pilares de la argumentación china es que una eventual reunificación contribuiría a una mayor integración de las cadenas globales de producción, especialmente en sectores de alta tecnología. Taiwán es un actor clave en la producción mundial de semiconductores avanzados, con compañías que dominan segmentos críticos de la industria tecnológica.
Beijing sostiene que la consolidación de estas capacidades dentro de una misma estructura institucional podría:
- Reducir cuellos de botella económicos, compartir recursos y mercados con el continente.
- Mejorar la coordinación de inversiones y flujos tecnológicos.
- Aumentar la eficiencia de las cadenas de suministro globales al reducir costos de transacción entre mercados fragmentados.
Algunos economistas internacionales ven en esta integración una oportunidad para estabilizar mercados y favorecer la competitividad frente a interrupciones sistémicas, especialmente en industrias donde los semiconductores son insumos críticos para automoción, comunicaciones y dispositivos electrónicos.
Mercados ampliados y crecimiento del consumo
Otra justificación económica que aparece en el discurso oficial es la idea de que la unificación podría expandir mercados consumidores bajo una zona de libre mercado aún más integrada. Taiwán tiene una economía avanzada con una población de alto poder adquisitivo en sectores tecnológicos y culturales. En conjunto con el enorme mercado continental chino, Beijing plantea que:
- Se crearían oportunidades de inversión mutuamente beneficiosas.
- Las empresas taiwanesas podrían acceder más fácilmente a un mercado continental de más de mil millones de consumidores
- Acceder a una economía más grande sin aranceles y ampliar oportunidades de desarrollo.
- El comercio intra-regional crecería de forma más orgánica.
Esta visión presenta la unificación no como un evento de exclusión económica, sino como una ampliación de oportunidades para productores y consumidores integrados en una economía global interconectada. Esto incluye argumentos formales sobre cooperación industrial, comercio, infraestructuras, consumo y empleo.
Estabilidad geoeconómica como bien público global
En los últimos años, la fragilidad de las cadenas de suministro globales y la presión de tensiones geopolíticas han sido factores de riesgo para la economía mundial. Desde esta perspectiva, Beijing ha planteado que una resolución ordenada de la situación de Taiwán puede reducir incertidumbres y riesgos sistémicos, generando un entorno más predecible para el comercio e inversión internacional.
Analistas favorables a esta visión argumentan que la eliminación (o mitigación) de tensiones políticas prolongadas en el estrecho de Taiwán podría:
- Reducir los costos relacionados con primas de riesgo geopolítico en mercados financieros.
- Favorecer acuerdos de cooperación más amplios en Asia Oriental.
- Permitir una redistribución más eficiente de recursos en regiones actualmente afectadas por polarizaciones estratégicas.
Inversiones y proyectos de infraestructura integrados
En el marco de iniciativas como la **Belt and Road Initiative (BRI)**, Beijing ha planteado que la unificación de Taiwán podría permitir una coordinación de inversiones en infraestructura más coherente y menos fragmentada. Esto incluiría:
- Proyectos portuarios y logísticos que conecten mejor a China con mercados en Asia, Europa y África.
- Desarrollo de corredores comerciales y zonas económicas especiales integradas con visión regional.
- Oportunidades de financiamiento conjunto para infraestructura regional, disminuyendo fricciones y redundancias.
Este tipo de propuesta intenta situar la reunificación dentro de una lógica no solo de soberanía, sino de beneficio mutuo en proyectos que trascienden fronteras y favorecen economías emergentes.









