Por: Alejandro Marco Aurelio Capcha Hidalgo
Periodista: Reg.-N°-4654-
La nación con más tradición cultural en América Latina, como es Colombia, no se salvó de los despropósitos, dislates políticos de sus ciudadanos y prefirió, como su gobernante de la República, justamente a Gustavo Francisco Petro Urrego, quien nació en ciénaga de Oro, el 19 de abril de 1960 es un político, economista y actual presidente del país de Colombia desde el 7 de agosto de 2022.
En su juventud militó en el Movimiento 19 de abril (M-19), una guerrilla urbana partícipe del conflicto armado interno de Colombia entre los años de 1974 y 1990, bajo el alias de Aureliano, la cual, tras su desmovilización en 1990, se transformó en la Alianza Democrática M-19, la segunda fuerza política más importante en la Asamblea Constituyente de 1991. Bajo sus siglas, fue electo para ser miembro de la Cámara de Representantes en las elecciones legislativas de 1991. Un tipejo aliado a la desvergüenza o falta de pudor.
Cabe reiterar, este fantoche de Gustavo Petro, en su adolescencia se unió al Movimiento 19 de abril, más conocido como M-19, que realizó acciones crueles y subversivas con la guerrilla colombiana por muchos años.
Cuando se inició el proceso de negociaciones de paz en Colombia, y pese a haber luchado contra la democracia, la aprovecho para ascender posiciones políticas, desde las más esenciales hasta las más complicadas, como ser senador, alcalde de Bogotá, la capital de Colombia, hasta asumir la presidencia de ese país, en la que teóricamente permanecerá hasta el 7 de agosto del 2026.
Asombrosamente, un guerrillero es el actual jefe de Estado de Colombia y, como es evidente el comportamiento díscolo de Petro, coincide con la frase “Mujer alocada y de conducta ligera” quien viene quebrantando los principios democráticos, el cual lo llevó a la presidencia. Hay que subrayar este guerrillero, hace resonancia a la frase de Miguel de Unamuno: «Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta” según fuentes de sus propios conciudadanos.
El vínculo cálido y amigable entre Colombia y Perú ya tiene muy buen tiempo, y para evitar que los guerrilleros que salían de Colombia luego de los acuerdos de paz, trasmontaran la frontera colombo-peruana atravesando el río Putumayo, que es frontera natural y jurídica entre ambos países, con regularidad sus ministros de Defensa y cancilleres mantenían contacto fraterno.
Es importante tener presente que, Colombia y Perú tienen otros intereses, entre los cuales se encuentran los económicos y comerciales, puesto que, junto con Bolivia y Ecuador, formamos parte de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), originalmente Acuerdo de Cartagena, y también de la Alianza del Pacífico, en que ambos países, hermanados con México y Chile, todos bajo los principios de la economía de mercado o economía social de mercado, pretendemos unidos negociar con otros países del globo.
Como vemos, tenemos importantes relaciones entre Perú y Colombia que debemos mantener y cultivar, por lo que la acusación irracional y malévola de Gustavo Petro contra el Perú, en que afirma que le hemos quitado la isla Santa Rosa en área fluvial de la Amazonía, hace daño a nuestras buenas relaciones, que vienen desde hace más de cien años con el Tratado Salomón-Lozano de 1922 y actas de las comisiones bilaterales demarcatorias.
La incitación temeraria del presidente Petro navega entre ignorancia y mala fe, pues ni siquiera hay la isla Santa Rosa, sino que fue parte de la Chinería.
Lo que ha hecho Petro es generar un conflicto internacional absolutamente artificial para atenuar la disconformidad de los colombianos de bien con su gobierno y unirlos. Esperemos se resuelva diplomáticamente, como corresponde.
La estrategia trillada de Petro es saturado conocida en el mundo y la sufrimos con Ecuador en los gobiernos de Velasco Ibarra, de penosa recordación, pero todo felizmente superado con acuerdos de paz finales y perpetuos, en búsqueda de un futuro próspero a los dos estados.






