Linaje de lo humano: Una mujer llamada Antonieta.

Hay historias de lucha y amor que sobrepasan los limites del tiempo.

Ser madre ,es la palabra más rezada en los últimos tiempos, y lo celebramos toda una vida.

Antonieta era su nombre, la enfermera más querida del Hospital Almanzor Aguinaga Asenjo en Chiclayo; era una mujer que realmente luchaba por salvar vidas y además se encargaba particularmente de dar el aliento respectivo para que esas personas estén felices, ella de gran carisma, siempre recordada por su voluntad de servir.

Crio un niño desde los 6 años; era hijo de su hermano quién la madre de este niño muere por leucemia. Antonieta tiene demasiado amor; ella deseaba también ser madre, sin embargo, casi a los 40 fue operada de emergencia y le quitaron el útero porque tenía un tumor que no se veía nada bien; cinco años después adopto una niña; de rasgos morenos, pero de cabello lacio. Una expresión que quedó marcada en su alma, fue el comentario de una enfermera que le dijo:  Cómo vas a adoptar a esa niña, es negra; aquí también hay varones y son blancos como tú.

La palabra madre, va más allá de lo que uno pueda expresar con palabras, es un sentido realmente humano. Amatista llegó a la vida de esta mujer apenas a cuatro días de nacida para desprender mucho más amor de lo que ella estuvo dando a la vida; sus vivencias y forma de crianza hizo que sus dos hijos sean profesionales uno Economista y administrador y ella; artista y periodista.

Antonieta no fue ajena a la dura situación del covid 19; endeble y desbordante vivencia en los hospitales llevó a más de cien mil personas en la segunda ola. Fue así que el año pasado esta mujer ya de 86 años de edad, quien vivía con su hija amatista y su pequeño nieto Mateo, perdió 60 % de pulmón y estaba además involucrado su riñón. Internada inmediatamente en el Hospital Luis Heysen Inchaustegui saturando 95% con ayuda de un balón de 15 litros. Mientras las enfermeras alrededor pedían a los familiares “despedirse profundamente”. Todos los hospitales estaban repletos, no había camillas, todos cuidaban sus vidas en una meditación nunca antes hecha. En las afueras del hospital la lucha por ver a sus familiares era realmente dramática. Mientras al frente de ese hospital la funeraria se encargaba de poner en cajas a los cuerpos lo más pronto posible y a una bárbara velocidad. El virus no tenía compasión.

Amatista después de internada su madre, también tuvo covid; en el pasaje donde ellas Vivian 9 personas habían muerto con la enfermedad y una joven Mariella había sido asesinada por su novio, Mateo el nieto de esta mujer, fue llevado al campo, para ser salvado y milagrosamente nunca se contagió. Amatista volvió a respirar después de unos meses su hermano y vecinos hicieron de todo por salvarles la vida. Antonieta después de 5 días murió. Días antes de todo lo ocurrido, Antonieta se sentía más viva que nunca; no sentía dolor, tenía fuerzas y hasta podía bailar, contaba sus millones de anécdotas cuando caminaba por los pasillos del hospital, y suspiraba profundamente con dichosa alegría cuando alguien se había recuperado. Ella ha salvado vidas, pero un maldito virus, se la llevó.