Hay debates que no deberían ocurrir. Debatir si Petroperú debe existir es uno de ellos. Sin embargo, el viernes 6 de marzo de 2026, en el Auditorio Alberto Andrade Carmona del Congreso de la República, la pregunta flotó en el aire con una urgencia que revela cuánto han avanzado los enemigos de la empresa estatal de petróleo más importante del país.

El Foro Panel convocado por el Grupo Parlamentario Bancada Socialista bajo el título «Avances y Desafíos de la Única Empresa Estratégica del País – Petroperú» reunió a voces técnicas, gremiales y parlamentarias que coincidieron en un diagnóstico demoledor: la empresa está en crisis, sí, pero esa crisis tiene autores intelectuales que van mucho más allá de la mala gestión.
El colapso que se fabricó desde adentro
El Dr. Alejandro Narváez Liceras, ex presidente del directorio de Petroperú, fue el primero en subir al estrado y no anduvo con rodeos. En su ponencia expuso cómo una serie de decisiones estratégicas —tomadas no desde la empresa sino desde el Ministerio de Energía y Minas y desde sectores del ejecutivo— dejaron a la compañía sin liquidez, sin dirección técnica y con una deuda impagable. No fue incompetencia; fue política de tierra arrasada.
Ángel Delgado Flores, Director del Proyecto de Reestructuración Patrimonial de Petroperú-PROINVERSIÓN, presentó los números: la hoja de ruta de la reestructuración existe, hay instrumentos jurídicos para ejecutarla y los activos de la empresa —si se valoraran honestamente— justifican la apuesta. Lo que falta, dijo con una franqueza que incomodó a más de un asistente, es voluntad política.
Los gremios toman la palabra

Flora Maribel Fernández Rengifo, del Colegio de Ingenieros del Perú, y Juan Abel Gonzales Boza, del Colegio de Economistas, coincidieron en que liquidar Petroperú no es solo una decisión económica equivocada: es una decisión geopolíticamente suicida. El Perú, recordaron, es uno de los pocos países de América Latina que ha avanzado hacia la soberanía energética. Perder Petroperú es perder esa palanca para siempre.
La intervención más emotiva —y tal vez la más políticamente incómoda— llegó de Néstor Herrera Guerrero, del Sindicato de Petroperú. Herrera habló de los trabajadores: miles de familias que dependen directamente de la empresa, decenas de comunidades en la Amazonía y la costa norte cuyas economías locales giran en torno a las operaciones de la compañía. Esos rostros no aparecen en los informes técnicos de PROINVERSIÓN. Pero son los que pagarán el costo más alto si el Estado se rinde.

Una señal desde el Congreso
El Congresista Alfredo Pariona Sinche, vocero de la Bancada Socialista, abrió y cerró el evento con un mensaje claro: la bancada no está dispuesta a ser testigo silencioso del desmantelamiento de lo que calificó como el último activo estratégico del Estado peruano en el sector energético. La convocatoria de este foro, subrayó, no es un gesto simbólico —es el inicio de una batalla parlamentaria.
Y tiene razón en llamarlo batalla. Porque del otro lado no hay solo argumentos técnicos sobre ineficiencia o deuda. Hay intereses concretos, con nombre y apellido, que llevan años esperando que el Estado peruano abandone el campo para que ellos puedan entrar a recoger los activos a precio de remate.
Lo que está en juego

El periodismo no puede permanecer neutral ante esta disputa. Cubrir la «crisis de Petroperú» como si fuera un accidente de gestión es, en el mejor de los casos, ingenuidad. En el peor, complicidad. Los periodistas peruanos tenemos la obligación de preguntarnos: ¿quién se beneficia si Petroperú desaparece? ¿Quién financia las campañas mediáticas que la presentan como un caso perdido? ¿Qué contratos están esperando en el cajón?
El foro del 6 de marzo demostró que hay técnicos competentes, gremios organizados y parlamentarios con convicción dispuestos a defender la empresa. Lo que falta es que la opinión pública peruana entienda que esta no es una pelea entre estatistas y liberales. Es una pelea entre quienes quieren un país con recursos propios y quienes quieren un país que les compre sus combustibles para siempre.
Petroperú no es perfecta. Ninguna empresa del Estado lo es. Pero su existencia o su liquidación definirá, en gran medida, qué tipo de país será el Perú en las próximas décadas. Eso no se decide en una sala de directorio. Se decide en el debate público. Y ese debate, hoy más que nunca, necesita periodistas que hagan su trabajo.
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor y no representan necesariamente la posición institucional de la Federación de Periodistas del Perú









