Un reciente informe de la Plataforma Nacional de Afectados por Metales, Metaloides y Otras Sustancias Químicas advierte que más de 10 millones de peruanos, equivalente al 31,5 % de la población, están expuestos a metales tóxicos, entre ellos arsénico, a través del consumo de agua potable
La cifra representa una crisis sanitaria persistente, especialmente en comunidades rurales y rurales altoandinas, donde el acceso a agua tratada es limitado. La ONG reporta además la muerte de seis niños por causas ligadas a la exposición, e identifica regiones críticas como Pasco, Junín, Huancavelica, Cusco, Apurímac, Amazonas, Loreto y Áncash.
Una revisión sistemática publicada en 2025 expone otro hallazgo alarmante: en diversas regiones como: Puno, Junín, Lima, Tacna, Ucayali y Apurímac, las concentraciones de arsénico en el agua fluctúan entre 12,2 y 54,5 µg/L, superando ampliamente el límite establecido por la Organización Mundial de la Salud (10 µg/L). En humanos, los biomarcadores detectados en orina y sangre alcanzan valores que van desde 5,27 µg/L hasta más de 424 µg/L.
Especialistas señalan que la exposición constante a estas concentraciones está vinculada a enfermedades crónicas como cáncer, diabetes, daños cardiovasculares y afecciones en la piel. A pesar de la gravedad de los datos, expertos advierten que la respuesta estatal es insuficiente. “La crisis no se reduce a un problema local: es un desafío nacional que requiere vigilancia constante, inversión en infraestructura y políticas públicas robustas”, enfatiza la Plataforma. Mientras tanto, millones de peruanos seguirán consumiendo agua que amenaza su salud.








