Los antibióticos son una de las herramientas más útiles para la salud que se han inventado, pero décadas de uso han dado tiempo a que algunas de las bacterias que combaten generen resistencias. Para superar ese contratiempo, en los últimos años se han empezado a realizar un tipo de particular de trasplantes para curar infecciones pertinaces.
Estas infecciones se producen por un desequilibrio en el ecosistema de microbios que habitan una parte del cuerpo, cuando se debilitan las bacterias buenas, la mayoría de las que conviven con los humanos a diario, las nocivas pueden tomar el poder y hacer daño.
La bacteriosis vaginal es una alteración de las comunidades microbianas de la vagina en las que las especies de Lactobacillus, las bacterias que dominan normalmente esa parte del cuerpo, se ven superadas por otras problemáticas. Una de cada tres mujeres puede padecer este desequilibrio, aunque en muchos casos ni siquiera presenta síntomas. En un 16 % de las infectadas puede producir malos olores y aumenta el riesgo de problemas durante el embarazo o de contraer enfermedades de transmisión sexual.
Cuando estas versiones de las infecciones se tratan de antibióticos, un 30 % recaen en los primeros tres meses tras el tratamiento inicial y hasta un 70 % pueden volver a tener síntomas un año después de tomar los antimicrobianos. En algunos casos, la introducción de algunos tipos de Lactobacillus se emplearon para restaurar el equilibrio, pero según explican en el artículo Elinav y sus colegas, los resultados no son claros.
La alternativa planteada por el equipo israelí fue transferir microbioma de mujeres sanas a cinco pacientes de entre 27 y 47 años que habían tenido cuatro o más episodios de vaginosis durante el año anterior. Todas las pacientes reconocieron que las infecciones habían provocado “consecuencias devastadoras” para sus relaciones, intimidad sexual y autoestima y todas necesitaron tomar distintos antibióticos de manera continua para no sufrir síntomas.
T.V.M.