Por: Alejandro Marco Aurelio Capcha Hidalgo
Periodista: Reg.-N°-4654-
La insólita escena, propia de una farsa política, tiene como protagonista a Betssy Chávez Chino, ex primera ministra de Pedro Castillo, quien —en medio de su proceso judicial por el fallido golpe de Estado— acude a la Embajada de México en busca de asilo. La ironía es que, mientras Perú debería haber reaccionado con firmeza ante la palmaria violación del artículo III de la Convención sobre Asilo Diplomático, es México el que rompe relaciones. Ello desluce la imagen del presidente interino José Jerí Oré cuestiona la actuación del canciller Hugo de Zela, cuya indiferencia diplomática puede interpretarse como connivencia.
A pesar de estar procesada por el intento de ruptura constitucional, la exministra de Pedro Castillo se movía por Lima sin necesidad de estar en prisión preventiva o ser monitoreada. La fuga era obvia. ¿Acaso no tenían conocimientos el fiscal y el juez a cargo? ¡Absolutamente no!
Dentro de un poder judicial corrupto e ineficaz, donde los lazos políticos y la parcialidad superan a la ley, la ex premier escapó a la acción de la justicia debido a la omisión de las autoridades.
La expremier Betssy Chávez está en la embajada mexicana en calidad de asilada política, esperando el permiso del gobierno peruano para su traslado a México, según confirmó el canciller Hugo De Zela. El incidente recuerda a la esposa de Pedro Castillo, Lilia Paredes, quien reside en México con un apoyo económico de $ 10,000 dólares mensuales del gobierno mexicano y se le considera una refugiada política. Lo más indignante es la falta de vigilancia policial en la embajada, sugiriendo que opera como un refugio para fugitivos, y expresa sorpresa por la inacción policial al respecto.
Algunos críticos argumentan que los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum han institucionalizado una política de asilo que protege a individuos acusados de corrupción y autoritarismo, lo que ha generado tensiones diplomáticas. Han hecho de la Doctrina Estrada un instrumento sesgado (Doctrina Estrada es un principio de la política exterior de México, establecido en 1930 por el diplomático Genaro Estrada, que dicta que ningún país debe anunciar el reconocimiento diplomático de otros gobiernos, ya que esto se considera una intromisión en sus asuntos internos) para dar cobijo a sus correligionarios, prescindiendo de sus historiales judiciales y de lo estipulado en la convención. Lo más grave, sin embargo, es la inacción del Estado peruano. ¿Por qué el presidente interino no denunció inmediatamente ante diversas instancias internacionales el atropello diplomático del embajador mexicano? ¿Por qué Torre Tagle, otrora símbolo de sapiencia y de firmeza, guarda silencio frente a semejante humillación? La respuesta es dolorosa: porque nuestra diplomacia está dirigida por funcionarios ideologizados, incapaces de defender la soberanía nacional.
En tanto que el gobierno de izquierda persista, gracias a la aprobación tácita de líderes empresariales pusilánimes y una población apática, Nuestra riqueza histórica y natural es vasta, más la pequeñez de miras de quienes nos gobiernan la eclipsa.
Será arduo, reponerse de semejante deshonra. ¡Es imperativo manifestarlo con total franqueza, con resolución inquebrantable y recordando siempre lo ocurrido! Los ciudadanos tienen el deber ineludible de levantar a su nación.






