¿Nos encaminamos a la conflagración Mundial?

Por: Alejandro Marco Aurelio Capcha Hidalgo
Periodista: Reg.-N°-4654-


Durante ese tiempo nosotros los peruanos continuamos introduciéndonos en el enfrentamiento cotidiano entre entidades y los métodos de destrucción de figuras públicas, el mundo está atravesando transformaciones drásticas en la misma proporción de coaliciones políticos como en especialización de las capacidades, de primera categoría y de segundo nivel, para someter sus intereses. La coyuntura actual es similar con los procesos concurrentes ocurridos hace un siglo, precursores de la Segunda Guerra Mundial: la expansión del populismo autoritario como respuesta a la violenta difusión del comunismo; los preparativos de los imperialismos para asegurar el dominio de extensos territorios; el auge del antisemitismo y la activación de antiguos focos de beligerancia entre naciones vecinas. A ese listado, habría que agregar hoy la generalizada desconfianza de los ciudadanos de los países democráticos hacia las élites predominantes, y la descontrolada y masiva migración de musulmanes radicalizados. No es exagerado pensar que, posiblemente, nos estemos acercando a un peligroso preludio de guerra mundial.


Entre tanto Gran Bretaña y Francia se encuentran en un estado de declive generalizado, económica y social, Turquía maniobra no solo para convertirse en una potencia europea, sino que también aspira a ser el líder del oeste asiático, reemplazando a Irán. Para ello, necesita imponer su dominio en Siria aliándose a Qatar, notorio financista de movimientos terroristas de la región, a fin de construir un gasoducto entre el mayor yacimiento del mundo, North Dome, y la ávida Europa compradora que compra el caro gas norteamericano para no depender del ruso. Es público que Hamás tiene domicilio fiscal en Doha, por eso la élite catarí ofrece billonarias inversiones a Estados Unidos, regala costosos aviones a Trump u organiza mundiales de fútbol, tratando de garantizar la impunidad de su siniestro juego de poder. Ambos, Turquía y Qatar, subvencionan la intensa campaña mediática contra Israel, preparando el escenario de una intervención directa que les otorgue prestigio en el mundo árabe, que ya no se circunscribe a parte de Asia y de África, sino que se extiende por toda Europa occidental. Lejos ha quedado la antigua amistad, recordemos que Turquía reconoció a Israel en 1949 y fueron aliados en 2020 para ayudar militarmente a Azerbaiyán en guerra con Armenia.


No es casual entonces que Turquía haya cortado todas las rutas comerciales con Israel. Ya antes había cancelado el proyecto de gasoducto para llevar el gas hebreo a Europa. Lo que sigue es el corte del petróleo que abastece a las refinerías de Israel, pues el oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan pasa por su territorio. Un futuro conflicto armado convocaría necesariamente la participación de los otros países de la UE, pues los obligaría la pertenencia de Turquía; eso confrontaría a los Estados Unidos con la vieja Europa, haciendo realidad el mejor de los sueños de Xi Jinping, quien quedaría con las manos libres para tomar Taiwán.