Martín Vizcarra: “Larga vida”… pero en la cárcel

Por: Alejandro Marco Aurelio Capcha Hidalgo
Periodista: Reg: -N°-4654-

«Un gran poder conlleva una gran responsabilidad» atribuida frecuentemente a Voltaire o al presidente Franklin D. Roosevelt, capta la misma esencia de la cita sobre Winston Churchill. Martín Alberto Vizcarra Cornejo, puso en práctica vertiginosa la política sin ética que es, una fábrica de tiranos disfrazados de líderes. Durante su período que para los peruanos fue considerable, pudo mostrar una cara para sí mismo y otra para la multitud sin finalmente confundirse sobre cuál puede ser la verdadera.


La hipocresía política y el abuso de confianza, predican la moral en el púlpito mientras trafican con la fe en la sacristía. (Una versión adaptada de un dicho popular que ilustra la doble moral). el deterioro Institucional y la falta de confianza, conllevó a la caída de un líder corrupto es un clavo más en el ataúd de la institucionalidad. Asimismo, el Perú es un experto en ver pasar ‘salvadores’ que solo buscan salvarse a sí mismos.


Vizcarra más que una renovación, su llegada luego de que fue expectorado PPK por el Congreso, por beneficiar a la corrupta empresa brasilera, Odebrecht, fue producto del vacío de poder y la descomposición institucional.
El poder nace del caos y la crisis (una paráfrasis de ideas comunes sobre el autoritarismo). También, gobernar es la demolición del adversario. Y la legitimidad no proviene del voto, sino del caos. Estas expresiones capturan la esencia de la crisis de legitimidad y la manipulación emocional de la opinión pública, que son temas recurrentes en la teoría política y el análisis histórico.
Los sobornos por Lomas de Ilo y el Hospital de Moquegua exponen la hipocresía del exmandatario, cuyo discurso anticorrupción sirvió de palanca para concentrar la autoridad.
Inauguraron el camino a gobernar por decreto. El cierre del Congreso que fue presentada como una medida necesaria y moralmente correcta («purga moral») en realidad fue un golpe a la institucionalidad «interpretación inexistente de la Constitución», «estilo de decisión presidencial sin equilibrios y contrapesos.

Estamos ante un caso evidente de lawfare, donde los tribunales se usan como arma política en lugar de buscar justicia imparcial. Cabe subrayar, se denunció un montaje judicial con el fin de inhabilitar a figuras clave de la política.
La contingencia pandémica sirvió como un espejo que reflejó las deficiencias estructurales del modelo existente. Con la mayor mortalidad global (cifras de la OMS y el Financial Times), la ineficacia de la administración pública peruana quedó patente, al igual que la improvisación gubernamental. La demora en obtener vacunas, documentada por la OPS y el Banco Mundial, desmintió la retórica oficial sobre la eficiencia del Estado.


El ‘Vacunagate’ fue un episodio de egoísmo en la cima del poder, donde primó el bienestar personal sobre la responsabilidad pública. Más que un error, fue una traición a la confianza del pueblo en el peor momento de la pandemia.
La caída de Vizcarra es un recordatorio de las narrativas seductoras pero falaces que siguen cautivando a la opinión pública peruana, para su propio perjuicio. Este caso inédito enfatiza la persistencia de fantasías de redención caudillista en el imaginario político peruano, El caso subraya la persistencia de fantasías de redención caudillista en el imaginario político peruano, el remedio es peor que la enfermedad.