Por: Alejandro Marco Aurelio Capcha Hidalgo
Periodista: Reg.-N°-4654-
Hay que subrayar y tomar en cuenta la participación masiva que impuso Martín Vizcarra Cornejo, y demás pelagatos galifardos. No es la expresión más purificado e inmaculado que predominaron las reformas de Vizcarra, que prostituyeron nuestro sistema electoral, con 43 partidos políticos y, más de 10,000 candidatos. Evidentemente no podemos medirla por la cantidad sino por la calidad y capacidad de los participantes. Favorablemente existen las vallas electorales y se requiere cumplir con alguno de estos dos criterios, alcanzar al menos 5% de los votos válidos a nivel nacional en la elección congresal o, que sean electos 7 congresistas en una o más circunscripciones electorales. En caso contrario, el partido pierde todos los escaños obtenidos y se cancela su inscripción.
Hay que resaltara ¿Qué gana un partido pequeño que no tiene ninguna opción de pasar la valla? Dinero y supuesto posicionamiento del nombre. Inconcebible que no hagan alianzas, pero la realidad es que son vectores que comercializan participaciones a empresarios o a personajes con aspiraciones políticas que necesitan algunas plataformas o soporte para iniciar. Aun no logre escaños propios, igual el partido se convierte en una marca y es muy fácil reinscribirlo: el perfecto vientre de alquiler. Por ello, es esencial cambiar la normativa, inadmisible que se exija menos de 30,000 firmas. Vizcarra hizo una ley con nombre propio, le fue facilísimo registrar Perú Primero y, ante la inhabilitación hasta el 2031, seguramente postulará a su hermano Mario. Su apellido distinguido de recordación por haber sido presidente, seguir haciendo campaña y por la polarización que generó. Nuestros electores no son informados y muy pocos sabrán distinguir entre él y su hermano. Nada dificulta que lo acompañe durante la campaña, estreche manos y confunda a la gente y, en el negado supuesto que le dieran prisión preventiva, sería el perseguido perfecto. No minimicemos a Vizcarra, es muy astuto y cualquier medida en su contra la usara el victimismo, o manipulación emocional, entre otros, como su estrategia ya conocida.
Los votos se deciden en la última semana y por las cosas más insólitas. Recordemos de que, en las elecciones congresales de enero del 2020, el FREPAP logró la segunda votación, gracias a su símbolo, el pescadito: poderoso y de muy fácil recordación y, a su discurso religioso-moral. Fue un voto de escarnio.
Muy pocos se darán el trabajo de leer los programas de gobierno, técnicos y aburridos. Hoy las campañas son ideas cápsula, repetidas hasta el cansancio a través de redes sociales con imágenes que generen reconocimiento, el ridículo vende y está comprobado que Vizcarra es a prueba de balas. La canción “Mi Bebito, Fiu Fiu”, no le hizo un rasguño a su imagen política, pensaría que, todo lo contrario. Como decía Oscar Wilde: que hablen bien o que hablen mal pero que hablen. Vale decir, la visibilidad pesa más que la reputación intachable. Le va a sacar el jugo a todas las cosas malas que se digan de él y les echará la culpa a sus adversarios
Hay una defensa cerrada a la compra de los 24 aviones Gripen, en especial después de a payasada de Petro; se ha exacerbado el patriotismo y la defensa de nuestra soberanía. Absolutamente de acuerdo, pero no nos sobra el dinero y hoy tenemos dos gigantescos temas: el crimen organizado y la minería ilegal. Invirtamos en hacer cárceles de altísima seguridad e implementar una política durísima, incluso invertir el principio de presunción de inocencia para estos malhechores. El problema se ha vuelto inmanejable. Los candidatos a la presidencia propondrán las ideas más descabelladas, porque en campaña todo vale, pero no nos pueden seguir vendiendo humo. Somos un país capturado por la criminalidad. ¿Qué esperamos? Que, en lugar del cobrador de combi en San Juan de Lurigancho, la víctima sea el chofer de nuestro Uber en Miraflores. Recién ahí tendremos un baldazo de realidad. Mientras tanto, la irresponsable Boluarte haciendo turismo rodeada de sus ministros felpudos, desdén total o menosprecio profundo por este sobreestimado e indeterminado impreciso, vago regencia.






