Desde inicios de noviembre, dos de sus principales ejes viales —la avenida Nicolás Ayllón en Ate y la avenida Universitaria en San Martín de Porres— han sido cerrados parcialmente por obras de ampliación y construcción de nuevos corredores viales. La medida, aunque necesaria para aliviar la congestión a futuro, ya está cambiando el pulso del transporte público y la rutina de miles de limeños.
En el este de la ciudad, la avenida Nicolás Ayllón fue cerrada temporalmente para dar paso a la ampliación de la Carretera Central, una de las vías más transitadas del país. La Autoridad de Transporte Urbano (ATU) dispuso un plan de desvío que redistribuye más de sesenta rutas de transporte público: los buses que se dirigen hacia el centro de Lima ahora circulan por las avenidas Central y Miraflores, mientras que los que van hacia Chosica lo hacen por un carril en contraflujo. Además, se ha habilitado un acceso provisional hacia la avenida José Carlos Mariátegui, a fin de mantener la conexión con Ate y zonas aledañas.
El impacto en la zona no se limita al tránsito. La ampliación ha requerido la demolición de algunas viviendas en sectores como el Cerro Candela, lo que evidencia la compleja relación entre la modernización urbana y las dinámicas sociales del territorio. Sin embargo, la promesa oficial es clara: una vía más ancha, más rápida y más segura para los próximos años.
En paralelo, el norte de Lima también vive sus propios ajustes. En la avenida Universitaria, a la altura de San Martín de Porres, la ATU anunció el desvío de treinta rutas de transporte público por la construcción del nuevo corredor vial entre las avenidas Metropolitana y José Granda. Los buses que vienen desde Los Olivos e Independencia deben modificar su trayecto, utilizando vías alternas como Tomás Valle, Los Próceres y José Granda. Este proyecto busca descongestionar una de las zonas con mayor densidad de tránsito y reducir los tiempos de viaje en el Cono Norte.
Ambas obras revelan una misma intención: reconfigurar la movilidad en una ciudad que, por décadas, ha crecido más rápido que su infraestructura. Pero también exponen un desafío inmediato: cómo mantener el orden y la seguridad vial mientras se ejecutan trabajos de gran escala. La ATU ha insistido en que los conductores respeten la señalización y planifiquen sus desplazamientos con anticipación, mientras personal especializado orienta el tránsito en los puntos críticos.
Más allá de los desvíos y la congestión temporal, estas intervenciones representan un intento por saldar una deuda histórica con la ciudad: la de contar con una red vial moderna y articulada. La ampliación de la Carretera Central y la mejora del corredor Universitaria son pasos en esa dirección. Sin embargo, el éxito de ambos proyectos dependerá no solo de su ejecución técnica, sino de la capacidad del Estado para comunicar, coordinar y mitigar los efectos que el cambio impone en el día a día de los limeños.









