El VIH, virus que ha marcado a generaciones desde su descubrimiento en los años 80, podría tener por fin un nuevo contrincante a su altura. El miércoles 18 de junio de 2025, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó Yeztugo (nombre genérico: lenacapavir), un fármaco inyectable de aplicación semestral desarrollado por el laboratorio Gilead Sciences, que ha demostrado una eficacia sin precedentes en la prevención del virus.
Con solo dos dosis al año, Yeztugo se presenta como una alternativa innovadora frente a las terapias tradicionales diarias, como Truvada o Descovy. De acuerdo con estudios clínicos realizados en África, América Latina y Estados Unidos, el medicamento redujo hasta en un 96% el riesgo de infección, y logró un 100% de eficacia en mujeres cisgénero y adolescentes de Uganda y otras regiones del África subsahariana. Ninguna participante en esos grupos contrajo el virus durante los ensayos.
Aunque la aprobación ha sido celebrada como un «momento trascendental» por Daniel O’Day, director ejecutivo de Gilead, la discusión gira ahora en torno al precio del tratamiento y el costo por cada dosis alcanza los $14,109, lo que equivale a más de $28,000 al año por paciente. Esta cifra supera ampliamente los costos actuales del tratamiento antirretroviral (TAR) diario, cuyo rango va desde los $200 en países de bajos ingresos hasta $1,500 anuales en sistemas de salud como el de Estados Unidos.
Expertos, activistas y autoridades sanitarias advierten que este nuevo avance podría quedar fuera del alcance de quienes más lo necesitan. Winnie Byanyima, directora ejecutiva de ONUSIDA, fue enfática. «Lenacapavir podría ser la herramienta que necesitamos para controlar las nuevas infecciones, pero solo si tiene un precio asequible y se pone a disposición de todos los que podrían beneficiarse.»

Si bien Gilead ha informado que sus programas de asistencia cubrirán hasta $7,200 anuales en gastos para personas aseguradas y que proporcionará el medicamento gratuitamente a personas sin seguro con bajos ingresos, el debate por la equidad en el acceso continúa. Además, la empresa ha firmado acuerdos con seis fabricantes para producir versiones genéricas del medicamento en más de 120 países, aunque este proceso podría tomar tiempo en concretarse.
Más allá del precio, su implementación también presenta desafíos logísticos importantes, que va a garantizar al menos dos visitas clínicas al año no es tarea menor, sobre todo en regiones con escasa infraestructura médica. Según cifras citadas por NBC News, menos de la mitad de los pacientes que inician PrEP oral logran mantener el tratamiento por más de seis meses.
Actualmente, los tratamientos preventivos contra el VIH incluyen las píldoras diarias Truvada y Descovy, así como el inyectable bimensual Apretud, de ViiV Healthcare. Sin embargo, la adherencia sigue siendo un problema: muchas personas de alto riesgo no logran mantener la disciplina del tratamiento diario. En ese contexto, una alternativa semestral como Yeztugo puede representar un avance decisivo.
No obstante, las desigualdades en el acceso a la PrEP siguen siendo notorias. En Estados Unidos, más del 50% de los nuevos casos de VIH se concentran en el sur del país, con mayor incidencia entre hombres afrodescendientes y latinos, quienes además presentan menor adherencia a los tratamientos disponibles. A nivel global, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de un millón de personas contraen el VIH cada año, pero solo 2.5 millones acceden a algún tipo de tratamiento preventivo. Para alcanzar la meta de erradicar la enfermedad en 2030, al menos 10 millones deberían recibir PrEP.
La llegada de Yeztugo representa uno de los mayores avances científicos en la lucha contra el VIH en décadas. Su eficacia, su innovador mecanismo de acción que bloquea la cápside del virus e impide su replicación en células del sistema inmune y su formato semestral abren una ventana de esperanza real.
Pero sin un modelo de distribución equitativo y sostenible, el riesgo es que se convierta en una herramienta reservada solo para quienes pueden pagarla. Y como bien lo advirtió ONUSIDA, solo cuando este tipo de innovaciones estén al alcance de todos, podremos hablar verdaderamente del principio del fin de la epidemia.









