El pinochetista José Antonio Kast asumió este miércoles la Presidencia de Chile, en una ceremonia a la que acudieron ocho mandatarios de la región, y prometió respetar la Constitución del país.
Kast, el primer mandatario electo en democracia declarado admirador del dictador Augusto Pinochet (1973-1990), tomó juramento en la sede del Congreso en la ciudad costera de Valparaíso ante parlamentarios de todos los partidos y también el rey Felipe VI de España.
Recibió de manos de la titular del Senado, Paulina Núñez, la banda presidencial y la mítica piocha de Bernardo O´Higgins, reconocido como uno de los «padres de la Patria», que simboliza el traspaso del poder del saliente Gabriel Boric, de centroizquirda.
Juró cumplir con sus obligaciones como jefe de Estado, preservar la independencia del país, así como garantizar el cumplimiento de la Constitución y sus leyes.
A la ceremonia asistieron sus homólogos de Argentina, Bolivia, Ecuador, Honduras, Costa Rica, Panamá, Paraguay y Uruguay.
Estuvieron ausentes líderes progresistas de la región, entre ellos el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el colombiano, Gustavo Petro, líder de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), aunque ambos tampoco fueron invitados a la Cumbre “Escudo de las Américas”, convocada por el estadounidense Donald Trump, a sus aliados de derecha, el 7 de marzo.
En esa ocasión Trump anunció una coalición militar contra el narcotráfico en el hemisferio occidental, con 17 países aliados de la región. Consideró necesario de que los países latinoamericanos utilicen sus ejércitos contra los cárteles, mientras Petro plantea la cooperación de la inteligencia policial para una forma efectiva en la lucha antidrogas.
Abogado de 60 años, Kast apoya la política exterior de Washington, enfrentado a los gobiernos a Brasil, Colombia, México, Cuba, Nicaragua y otros. El presidente Trump presiona a Venezuela y amenazó a Cuba, a pesar del bloqueo económico y financiero contra la isla desde 1959.
Kast, político de ultraderecha, durante la campaña electoral promovió una mano dura contra la migración y la delincuencia como eje de su campaña.









