El Ejecutivo promulgó una ley destinada a frenar la extorsión contra conductores y empresas de transporte, una medida que el mandatario calificó como “un punto de quiebre”.
El presidente José Jerí firmó la Ley que endurece las sanciones contra la extorsión en el transporte, en ceremonia realizada en Palacio de Gobierno. De acuerdo con la presentación oficial, la norma forma parte de un paquete de medidas adoptadas durante el estado de emergencia por inseguridad ciudadana y apunta a articular mejor la acción del Estado frente a las redes delictivas.
En su discurso, Jerí enfatizó que “el combate contra la delincuencia requiere confianza entre el Estado y los ciudadanos” y que, a través de esta ley, el Ejecutivo reafirma su compromiso con los transportistas. Asimismo, anunció la creación de una unidad especializada en el Ministerio del Interior y la adecuación de protocolos en los distritos más afectados.
No obstante, los propios gremios del transporte, como la Cámara de Transporte Urbano de Lima y Callao y la Asociación Nacional de Conductores, habían declarado públicamente que habían perdido la confianza en el Gobierno. Señalan que los acuerdos firmados previamente no han sido cumplidos, y que la violencia, los asesinatos y las extorsiones contra conductores continúan en ascenso.
El verdadero desafío será ahora que la norma deje de ser símbolo y se convierta en acción: que los patrullajes y unidades especializadas funcionen; que las denuncias de cupos y amenazas se atiendan con criterio y presupuesto; que los acuerdos previos se ejecuten con plazos claros. El transporte público, con sus rutas que cruzan Lima, Callao y la periferia, vive una situación de vulnerabilidad que exige respuestas urgentes y no solo anuncios.
En última instancia, la promulgación de la ley es un paso relevante, pero el sector transportista lo interpreta como un momento de prueba para la capacidad del Estado de cumplir lo que promete. Si la ley se queda en papel sin transformación real, la brecha entre el Gobierno y los conductores podría agrandarse aún más.









