La sociedad de consumo ha convertido este día como uno de los más importantes del calendario clerical. Y como siempre por puros afanes comerciales.
Yo quiero verlo de otra forma. Quiero ensalzar al Padre Valentín, original, que según la historia regalaba una flor y su bendición a las parejas enamoradas.
Ubiquémonos en el tiempo. Ahora ya, cientos de años atrás, cuando los matrimonios eran arreglados entre las familias. Habiendo tras de ellos más intereses económicos o políticos, más que sentimentales. Los matrimonios eran decididos por los padres, no por las futuras parejas. Se dice que a veces, los niños acabados de nacer, ya estaban comprometidos en matrimonio por arreglos políticos.
En medio de esa inmensa desgracia, apareció un cura que exaltó los valores de los sentimientos. Reforzando el espíritu de luchar por su amor entre las parejas. Imaginemos a la niña María Antonieta de 15 años (futura reina de Francia) que le dijera a sus padres que no quería casarse con Luis XVI porque no lo amaba. Valentín debió ser considerado un subversivo en el tiempo en que vivió.
Que les dijera a las personas que el amor que sentían era bendecido por Dios. Significaba cuestionar todo el edificio social construido hasta ese momento. Pero, no tuvo miedo. El amor a los hijos de Dios pudo mucho más que todas las advertencias que le hayan hecho.
Y triunfó la Humanidad, esa capacidad de la especie humana de mejorarse a sí mismo a través de prácticas culturales que lo van alejando de los instintos animales primitivos y que nos convierten en auténticas personas. No son los cambios tecnológicos y económicos los únicos importantes en la historia humana. También lo han sido estos gigantescos saltos culturales que nos han permitido desarrollar
HUMANIDAD.
¿QUÉ HARÍA AHORA SAN VALENTÍN?
Si resucitara el Padre Valentín, ¿estaría satisfecho de ver cómo entendemos y vivimos el amor, hoy en día? Yo creo que no. Volvería a exaltar el amor puro, el de los sentimientos íntimos. Y combatir la nueva forma de control sobre los sentimientos amorosos.
¿No es cierto acaso, que ya los sentimientos valen poco para escoger pareja, porque muchos eligen en función a criterios como la posición social, la expectativa de desarrollo profesional, el círculo social, etc.?
No para todos, pero sí para muchos, los sentimientos ya no cuentan para conseguir pareja. Y más cierto es aún, que las parejas son descartables, como lo denunciara con toda propiedad el Papa Francisco.
El sexo reemplazó al Amor. Los placeres temporales de un orgasmo han sustituido a la felicidad infinita del corazón. Hombres y mujeres dejamos de ser humanos, para convertirnos progresivamente en autómatas. Se nos dice qué estudiar, qué comer, cómo vestir, a quién amar, si reproducirnos o no. Y después de agotada la máquina, al tiradero. Cuando llegas al destino final, te diste cuenta que no has vivido, sino que te han vivido.
Hoy, reclamar nuestro derecho a amar y ser amados, vuelve a ser revolucionario.
El amor en su sentido más excelso y como tú quieras. Pero que seas tú quien lo elija. Y no otros por ti. La libertad existe, tanto contra el Estado como contra el Mercado.
Amemos, dejémonos amar y dejemos que el resto también ame y sea amado. Que eso, hoy en día es la revolución más humana que pueda existir.
Viva el día de San Valentín, un revolucionario del Amor en la Humanidad.