El hostigamiento político y la posibilidad de fracaso de perder la Independencias en la participación ciudadana

Por: Alejandro Marco Aurelio Capcha Hidalgo
Periodista: Reg.-N°-4654-


Durante los últimos años, el escenario político en Latinoamérica y otras naciones democráticas se ha caracterizado por una escalada de agresividad y el riesgo de desestabilizar o infringir las instituciones democráticas. En la década de 1980, el magnicidio de figuras políticas evidencia la infiltración del crimen organizado en los sistemas políticos y el debilitamiento de las democracias. Un caso icónico fue la muerte de Luis Carlos Galán en Colombia, quien, en 1989, como candidato presidencial y en campaña se obligó a erradicar los cárteles de la droga, pero fue asesinado en plena propuestas, plasmando el poder de los narcotraficantes en la era de Pablo Emilio Escobar Gaviria, quien fue un narcotraficante, criminal, terrorista y político colombiano, fundador y máximo líder del Cartel de Medellín. Asimismo, En septiembre de 2018, en plena campaña presidencial, el candidato de derecha Jair Bolsonaro fue apuñalado en el abdomen en el estado de Minas Gerais, también el diputado argentino, Héctor Olivares Tras recibir un disparo mientras caminaba por las calles cercanas al Congreso el 9 de mayo, quedó gravemente herido y tres días después, murió por la gravedad de sus heridas en un hospital en Buenos Aires. Además, Luis Donaldo Colosio era candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la Presidencia de México. Se desempeñó como diputado, senador, presidente de su partido hasta su asesinato el 23 de marzo de 1994 en plena campaña presidencial. Su asesinato fue calificado como “magnicidio” por la Procuraduría General de México.


Últimamente, el país de Ecuador vivió un drama análogo con el asesinato de Fernando Villavicencio, candidato presidencial comprometido en la lucha contra las mafias. Su muerte en 2023 resuena con la historia de Galán, mostrando que, décadas después, el crimen sigue desafiando a los Estados. Este suceso reveló la amenaza que enfrentan los líderes en su intento por reformar sistemas infiltrados por el crimen.

Este ensañamiento trasciende a Latinoamérica. En Estados Unidos, los asesinatos de Abraham Lincoln y John F. Kennedy, representaron logros relevantes en la historia de la violencia política. El actualmente reelecto Donald Trump, también fue blanco de amenazas y atentados, lo que refleja un peligro constante incluso en democracia representativa con un fuerte énfasis en el pluralismo, la libertad, la igualdad y la tolerancia.


En países como México, la violencia afecta a líderes locales; en el reciente ciclo electoral, México vivió uno de los periodos más violentos de su historia, con asesinatos de figuras públicas como Alejandro Arcos. Este ambiente genera una creciente inseguridad y temor, no solo entre los candidatos, sino también entre la ciudadanía, que se siente cada vez más desprotegida e indefensa.
En tales circunstancias, países como El Salvador han asumido medidas polémicas para reprimir el crimen, frecuentemente son controvertidas por sus consecuencias en las libertades individuales. Así, el desafío actual no es solo mantener la democracia, sino garantizar una segura protección a las figuras públicas. En Sudamérica, ejemplos como los de Perú o Ecuador, con altos índices de criminalidad e inestabilidad, reflejan una realidad en la que los ciudadanos deben elegir entre libertad y seguridad.
La cuestión que emerge es si es posible construir sociedades verdaderamente libres cuando la violencia política y criminal asedia incesantemente a la democracia, al pluralismo que es un sistema que permite la diversidad de ideas, enfoques e intereses.