El estrés que no percibimos: por qué es peligroso naturalizar los micro traumas cotidianos

Estar atentos a los signos mínimos de alerta y actuar a tiempo puede evitar formas mayores y ya difíciles de controlar, así como las consecuencias

El estrés saltó la valla del estigma para ser considerado normal y ya no alerta. (Foto: Infobae)

Actualmente, se suele prestar poca atención a ciertas situaciones de ansiedad o estrés, pues se considera que ya forman parte de la existencia moderna. Sin embargo, ignorar aquellas pequeñas alarmas de situaciones que tensionan de manera recurrente puede derivar en cuadros clínicos por acumulación.

Un escenario particular es aquel en el cual el estrés es aún menos evidente y genera cuadros clínicos por acumulación. Es necesario identificar y prevenir las situaciones de micro estrés cotidianas a las que no les prestamos atención.

En primer lugar, por alguna razón, algunas palabras han conseguido saltar la valla saliendo del silencio, pero para caer en otra forma de silencio, aquel de la palabra que, de tanto ser repetida, ya no es escuchada.

De igual forma, existen palabras que se han puesto desde hace años de moda: ansiedad, estrés, etc. Debido a este uso excesivo, han perdido su significado original de adaptación y señal de alarma para pasar a la reacción posterior: de malestar ante la adaptación fallida al estímulo. Una alarma que había que escuchar y no combatir.

Por otro lado, desde hace años, en el área del trauma psíquico se presenta el “micro trauma” por oposición a la idea del “gran trauma”. La hipótesis preponderante era que existían traumas de gran exposición, difusión y visibilidad, por ejemplo, las víctimas de la guerra de una catástrofe, pero también otros menos evidentes a los que se les prestaba menos atención.

Hoy en día, se reconoce que este proceso termina desencadenando la “tortura de la gota/ tortura china” que no para de horadar.

El estrés, en algunas maneras tan naturalizado y tan automedicado, saltó la valla del estigma para ser considerado normal y ya no alerta. En muchas ocasiones, se vive como una alerta desactivada (o apagada) del celular, a la que se intenta disminuirle el volumen con ansiolíticos. No obstante, se debe tomar conciencia de su importancia a partir de la experiencia en el tratamiento de micro formas, tanto de estrés como de trauma.