
Según estudios 1 de cada 5 consultas médicas están relacionadas con el agotamiento. La debilidad física es un estado esperable luego de un día de actividad, pero también es un síntoma de enfermedades físicas o psicológicas. Por ello, se mostrará la diferencia entre cansancio, fatiga y astenia, así como el tratamiento para cada uno de ellos.
En primer lugar, existe un síntoma central en lo psicosomático, quizás el más indefinido, que acompaña con frecuencia a todo otro malestar o queja en la consulta: la astenia. Se calcula que una de cada cinco consultas ambulatorias de medicina general o interna está motivadas o relacionadas con la astenia.
Su función reparadora
La fatiga física, sin embargo, es un componente normal de los mecanismos de retroalimentación negativa que alienta a descansar cuando uno está cansado. Cualquiera reconoce los síntomas de la fatiga física, por ejemplo, la sensación de tener las piernas pesadas, un vigor físico disminuido y un deseo de recostarse o sentarse para recuperar nuestra energía.
Esto sucede todos los días y permite descansar luego de una jornada ocupada. Sin el reposo cotidiano estimulado por la fatiga, ninguno sería capaz de utilizar efectivamente las horas de vigilia.
Cuando el cansancio es mayor, se presenta las enfermedades infecciosas, afecciones crónicas, las formas larvadas de depresión, la anemia o las hepatitis. Estas cursan con esa sensación de debilidad física y cansancio. Los deportistas, los estudiantes o las personas sometidas a estrés sufren de un estado de astenia.
Su impacto en la vida cotidiana
La astenia a veces es invalidante e impide hacer esfuerzos de manera normal, pero no está relacionado al esfuerzo producido ni es proporcional a éste. Un paciente que presenta astenia física, en lugar de fatiga, es más probable que la experimente al principio del día, antes de haber realizado cualquier gasto de energía.
El patrón de fluctuaciones diarias es un buen indicador diagnóstico. Estos pacientes también sienten la astenia después del esfuerzo, pero la sensación está fuera de toda proporción al esfuerzo realizado. Esta falta de energía persistente tiene un verdadero impacto en su vida cotidiana.
Por otra parte, la astenia es un problema muy desmoralizador para la persona afectada. Un paciente con astenia puede verse enfrentado a la incomprensión de su problema por parte de su familia, amigos, colegas de trabajo y aun hasta de su mismo médico.
La sensación de fatiga, la cual anteriormente era el signo de un día laboral bien completo y el anticipo de un reposo merecido, se ha vuelto una sensación de malestar, la cual le impide realizar las tareas cotidianas y se ha tornado un círculo vicioso aparentemente indestructible.
En resumen, el síndrome de astenia crónica (SAC) es una enfermedad de causa desconocida y tratamiento complejo. En consecuencia, no hay medidas preventivas y lo único que se puede aconsejar como precaución es evitar el estrés, pues tiene efectos negativos sobre el sistema inmunológico y es origen de muchas enfermedades.








