El mundo tiembla ante la amenaza de una conflagración global, debido sobre todo a la codicia por los recursos naturales ajenos y reclamos de dominio que no respeta soberanía alguna, advierten hoy los analistas.
La “Doctrina Monroe”, que en 1823 advertía a las potencias europeas respetar la esfera de influencia de Estados Unidos en Occidente, ha sido retomada por la administración de Donald Trump para justificar un supuesto derecho de hegemonía en el planeta.
América Latina, Europa, Asia y Medio Oriente se encuentran bajo esa férula, con la complicidad de los medios tradicionales que ocultan o tergiversan la realidad a fin de evitar cualquier referencia a los reclamos de cambios en el mundo y que encaminan al fin de la supremacía unipolar frente al multilateralismo que representa a todos.
Incluso el propio Vaticano, especialmente el Papa León XIV, nacido hace 70 años en EEUU, desde su designación como sucesor del Apóstol Pedro, el pasado 8 de mayo, ha dedicado sus rezos a promover la paz y no deja de advertir de los riesgos de una Tercera Guerra Mundial.
Estrategia de dominio
Provocar guerras, desestabilizar gobiernos, violar soberanías, construir bases militares en el extranjero e injerencia en asuntos internos de otros Estados son parte de esa estrategia para que la nación del norte intente recuperar un dominio en América Latina, considerada una «zona de paz», pero el “patio trasero” de Washington.

Europa se ha dado cuenta -algo tarde-, de lo que muchos consideran un serio peligro el papel de EEUU, decidido actuar por encima del derecho internacional para alcanzar objetivos hegemónicos, a pesar de la difícil situación interna generada por la política antiinmigrante, con arrestos violentos y expulsiones masivas, y una crisis económica a consecuencia de un sistema en agonía.
Tras la injerencia militar en Venezuela, el último 3 de enero, que terminó con el secuestro del líder Nicolás Maduro, bajo el pretexto de hacer frente al narcotráfico, el presidente Trump admitió que a Washington le interesa los recursos naturales de América Latina, sin importar la reacción en el continente, aunque los principales medios del hemisferio se han encargado de silenciarlo.
Trump, magnate republicano de 79 años, involucrado en escándalos, incluido el caso del fallecido Jeffrey Epstein, ha sido muy claro en reconocer que la Casa Blanca no desea la presencia en la región de potencias rivales como China, que con millonarias inversiones en proyectos de desarrollo apuesta por los países latinoamericanos.
En este contexto, EEUU desea seguir construyendo bases militares -tiene unas 800 repartidas en el mundo- para frenar el avance del gigante asiático y también de Rusia, aunque Beijing y Moscú no cuentan con instalaciones militares en el orbe. Después de la abierta injerencia en procesos electorales en 2025, Trump no ha descartado repetir lo mismo en 2026 en Latinoamérica.
El anuncio de Washington de construir una enorme base naval en el Callao confirma la estrategia oculta y de los que están detrás en el país sudamericano, a casi tres meses de las elecciones generales. Perú encabeza la lista en la región con al menos siete exmandatarios sentenciados por corrupción y otros delitos. La cifra puede aumentar si hay un cambio de timón.
El gobierno interno de José Jerí anunció hace unos días la privatización de la estratégica empresa Petroperú, con el visto bueno del Congreso, controlado por la derecha, mientras varios países de la región mantienen bajo control estatal sus respectivas compañías petroleras, incluido Chile, a pesar de no contar con petróleo en su territorio.
La paz amenazada
Hoy se vive una serie de conflictos en el mundo. La guerra en Gaza, territorio palestino ocupado por Israel en Medio Oriente, deja desde octubre de 2023, al menos a 71,548 personas muertas, la mayoría de ellos mujeres y niños, y 171.353 heridos y mutilados en el enclave costero, donde se ha detectado un importante yacimiento de gas natural, según Al Jazeera.
Después de casi ocho décadas los países europeos, particularmente los miembros de la OTAN, han decidido enviar tropas militares a Groenlandia, administrada por Dinamarca, para defenderse de EEUU, en una misión que marcaría el fin del orden trasatlántico. La enorme isla ártica cuenta con importantes tierras raras, utilizadas por la industria militar.
La guerra en Ucrania, que hasta 1991 formó parte de la desaparecida URSS y hoy vecina de Rusia, apunta a cercar a la nación euroasiática para apropiarse de sus ricos recursos naturales, de acuerdo a Moscú, que había pedido a Kiev mantener la neutralidad, pero el régimen de Volodimir Zelenski decidió formar parte de la OTAN y la presencia militar de la alianza en su territorio.
Durante la anterior gestión de Joe Biden, EEUU brindó apoyo militar y financió la guerra contra Rusia, con apoyo de Europa, y a casi cuatro años de iniciado el conflicto, Moscú está a un paso de alcanzar la victoria militar en Ucrania y sobre la OTAN, liderada por Estados Unidos e integrada por 32 países.
En su intento por cercar a sus rivales, EEUU ha logrado prologar el conflicto en Ucrania para desgastar a Rusia, y a la vez vender tecnología militar a Taiwán, isla considerada una provincia rebelde y cuya soberanía reclama China.
Además, Irán es hoy blanco de una agresión por parte de EEUU, que no oculta el interés por su recurso petrolero, y promueve junto a Israel, aliado de Washington, desestabilizar al otrora imperio persa y dividir su territorio para controlar el crudo iraní, advierte Teherán, como también pretende con Venezuela, Guyana, México, Colombia y Brasil, entre otros, en América Latina.
Pero el objetivo principal de EEUU es destruir al grupo BRICS, liderados por China y Rusia, ya que el bloque de economías emergentes ha superado el PBI mundial del G-7 y desplazado al sistema financiero utilizada como mecanismo de control, con políticas económicas impuestas a través del FMI y el Banco Mundial.
Los países ricos en recursos energéticos, como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos Catar, Kuwait, Irán, Irak, Siria, Libia y otros, la mayoría miembros del BRICS, fundado en 2009 además por Brasil, India y Sudáfrica, igualmente sancionados por EEUU, ha traído como consecuencia la debacle del llamado “petrodólar”, moneda que durante décadas se uso en el comercio mundial y como reserva internacional.









