Durante casi cinco décadas, Agua Marina fue sinónimo de alegría, de unión y de esperanza. Sus canciones acompañaron fiestas, viajes y amores en todo el Perú. Pero hoy, por primera vez en su historia, el grupo ha decidido guardar silencio.
El 8 de octubre, en lo que debía ser una noche más de celebración en el Círculo Militar de Chorrillos, la violencia irrumpió entre los acordes. Un atentado armado dejó heridos a cuatro integrantes de la agrupación, entre ellos los hermanos Luis y Manuel Quiroga, fundadores del grupo. Desde entonces, la orquesta no ha vuelto a los escenarios.
Días después, su vocalista principal, Lucho Granda, habló con una honestidad que conmovió a miles. “Estamos mal psicológicamente, con el trauma. Es muy triste lo que estamos viviendo. Por ahora no volveremos a los escenarios grandes”, dijo con voz entrecortada.
La noticia cayó como un golpe en el corazón de sus seguidores, acostumbrados a verlos cantar con energía y sonrisa. Pero Granda aclaró: no es una despedida, es una pausa. “No me retiro de Agua Marina. Seguimos unidos, solo estamos en stand by”, aseguró.
En un comunicado difundido por redes sociales, la orquesta explicó su decisión con serenidad y ternura: “Hoy sentimos que es momento de una pausa. Esta no es una despedida, sino un tiempo necesario para recuperar energía, cuidar nuestra salud física y mental, y encontrar calma tras un acto de violencia que nos golpeó no solo como artistas, sino como peruanos”.

Los hermanos Quiroga, ya dados de alta, reaparecieron con un mensaje esperanzador: agradecieron a quienes oraron por su recuperación y recordaron que la música sigue siendo su razón de vida. “Dios nos encaminó hacia la vida, y la música nos volverá a reunir”, dijo uno de ellos.
En medio del dolor, Agua Marina también alzó la voz por el país. “Ningún peruano debe ser señalado por pensar distinto o por exigir justicia. Amar al Perú también significa tener el valor de decir lo que duele y lo que debe cambiar”, señaló la agrupación en su mensaje.
Así, la orquesta que durante décadas hizo bailar al Perú con “Paloma ajena” o “Basta ya de mentiras”, enfrenta hoy su canción más difícil: el silencio.
Un silencio que no suena a rendición, sino a respeto, a duelo y a esperanza.
Porque cuando vuelvan —y ellos mismos han prometido que lo harán—, será con el alma curada, la fe intacta y el corazón lleno de música.









