Adiós 2025: el año en que Perú se volvió pieza clave del ajedrez y el dilema que nos deja el 2026

Cerramos el año con una economía que volvió a atraer capitales como no se veía desde antes de la pandemia. China afianzó su presencia en infraestructura estratégica y energía, mientras Estados Unidos reforzó su apuesta por la conectividad y la tecnología. A horas del 2026, la pregunta ya no es quién invierte más, sino cuánto tiempo podremos equilibrar intereses sin pagar un costo mayor.

Faltan horas para el abrazo de Año Nuevo y, si miramos el retrovisor, el 2025 no fue un año cualquiera para la economía peruana. Mientras el ruido político siguió marcando la agenda pública, en los despachos empresariales y en los flujos de capital ocurrió algo distinto: el Perú volvió a ser atractivo para el dinero extranjero.

El país cerró el 2025 consolidando la recuperación económica que inició el año anterior. Si bien el gran salto se dio en 2024 —cuando la inversión extranjera rozó los US$ 6,800 millones — este 2025 ha sido el año de la ejecución. Los capitales que entraron en libros el año pasado se transformaron en obras tangibles: puertos operando, el nuevo aeropuerto inaugurado y minas estabilizando su producción.

Este dinamismo no fue casual. Fue el resultado de una partida geopolítica que se jugó en territorio peruano y cuyos efectos marcarán el 2026. Este año Perú funciona con dos grandes vectores de inversión, cada uno con intereses y estilos distintos.

China se consolidó en la infraestructura y la energía

El 2025 quedará como el año en que la presencia china dejó de ser una proyección y se volvió operación concreta.

  • El puerto: El Megapuerto de Chancay, que inició operaciones comerciales plenamente, comenzó a cambiar la logística del comercio exterior peruano. La nueva ruta directa hacia Asia redujo tiempos y costos, convirtiendo a Chancay en un nodo relevante para exportaciones mineras y agroindustriales. Sin ser aún el gran “hub” continental, el puerto ya se perfila como una pieza estratégica en el Pacífico sudamericano.
  • La energía: En paralelo, se consolidó la compra de Enel Distribución Perú por parte de China Southern Power Grid International, hoy conocida como Pluz Energía. Con esta operación, sumada al control previo de Luz del Sur por parte de otra estatal china, se configura un escenario inédito: el 100% de la distribución eléctrica de Lima Metropolitana depende ahora de empresas estatales del gigante asiático. Ya no es solo una posición dominante, sino el control integral de un servicio crítico, lo que ha elevado el debate sobre la soberanía energética.

Estados Unidos apostó por lo invisible: tecnología y conectividad

Washington no compitió en puertos ni líneas eléctricas. Su estrategia en 2025 fue distinta y más silenciosa.

  • La nube y los datos: Durante el año avanzaron proyectos de conectividad digital, cables submarinos, centros de datos y servicios en la nube vinculados a empresas tecnológicas globales con fuerte presencia estadounidense. El mensaje fue claro: mientras China invierte en activos físicos, Estados Unidos busca reforzar la infraestructura por donde circulan los datos, el comercio digital y los servicios del futuro.
  • Seguridad y cooperación: También se fortalecieron los programas de cooperación en control aduanero, ciberseguridad y logística, en un contexto donde el crecimiento del comercio exterior exige mayores estándares de supervisión. No se trata de control directo, sino de influencia tecnológica y normativa.

El desafío del 2026

Mientras se apagan los fuegos artificiales, el panorama para el 2026 se parece cada vez más a una cuerda floja.

Los analistas coinciden en que la estrategia peruana de “no alineamiento activo” será más difícil de sostener. Con la infraestructura clave cada vez más integrada a capitales chinos y la tecnología orientada hacia estándares occidentales, el margen de maniobra se reduce.

  • La presión aumentará: A medida que Chancay incremente su operación y la rivalidad global se intensifique, Perú enfrentará mayores demandas, explícitas o implícitas, para tomar posición.
  • El riesgo: La dependencia. Parte del comercio y de la energía crítica está concentrada en un solo actor, mientras que la digitalización y la seguridad tecnológica dependen de otro. En un escenario de crisis global, esa fragmentación puede volverse un problema.

El deseo de Año Nuevo

Para el 2026, el reto del Perú no es solo atraer más inversión. El verdadero desafío será usar bien esa inversión: transformar la renta de los recursos y la infraestructura en productividad, tecnología y desarrollo local.

Brindemos por un 2026 donde el Perú siga haciendo negocios con todos, pero con la inteligencia suficiente para que, en este juego de gigantes, no termine siendo el tablero… sino un jugador con estrategia propia.

¡Feliz Año Nuevo!