Por: Rocio Melissa Cueva Ramos
Para los peruanos, pensar en los cerezos en flor es imaginarse esas postales de ensueño: lluvia de pétalos rosados cayendo sobre templos antiguos, familias haciendo picnic bajo los árboles, el Monte Fuji asomando al fondo. Y sí, todo eso existe, pero lo que pocos ven es lo que pasa realmente detrás de la postal.
Cuando Japón se tiñe de rosa en cada primavera, no solo cambia el paisaje. Se activa una maquinaria económica que mueve millones de dólares en pocas semanas. Hoteles que se llenan con meses de anticipación, restaurantes que crean menús especiales solo para la temporada, trenes que refuerzan sus vagones para mover a los miles que quieren ver los mejores lugares. El año pasado llegaron al país más de 42 millones de turistas extranjeros, y una buena parte eligió justo estas fechas. A eso se suma el propio japonés, que también aprovecha para viajar y celebrar el hanami, esa tradición milenaria de contemplar las flores sentado con los amigos, una cerveza de por medio y algo rico para picar.
Pero este año la stiuación será diferente. En Fujiyoshida, esa ciudad que se hizo famosa por la foto de la pagoda roja con el Monte Fuji y los cerezos al frente, decidieron cancelar el festival oficial. La razón suena increíble, pero es real: el turismo se les fue de las manos. El año pasado recibieron 161,182 visitantes en pocas semanas, para una ciudad que tiene apenas 50 mil habitantes. La cifra suele citarse como 200,000 visitantes anuales durante el periodo del festival. Ante esta situación, los vecinos empezaron a quejarse porque se encontraban con turistas metiéndose a sus casas para buscar mejores ángulos para las fotos, o porque los niños no podían caminar seguros por las veredas llenas de gente. El alcalde lo dijo sin vueltas: «La vida tranquila de los ciudadanos está amenazada».
Otro tema a observar es que los turistas chinos, que son los que más gastan cuando vienen (casi el 21% del consumo extranjero en Japón), están viajando mucho menos este año, debido a tensiones diplomáticas y factores económicos. En enero las cifras cayeron 61% y en febrero no hubo mejora, y ello se siente en los hoteles y restaurantes, que están contratando menos personal temporal, ya que la temporada de sakura también genera trabajo, aunque sea por unas semanas, lo que se traduce en que se necesita gente en la recepción de los hoteles, en las cocinas, manejando los trenes, limpiando los parques. Son empleos que florecen con los cerezos y se marchitan cuando caen los últimos pétalos.
La cancelación del festival no significa que los árboles dejarán de florecer. Los cerezos siguen ahí, y la gente igual va a ir a verlos. Lo que cambia es que habrá menos puestos de comida, menos eventos organizados, menos promoción. Para quienes viajen este año, las autoridades recomiendan algo muy simple: respeten los espacios, no se metan donde no deben, y si pueden, busquen esos rincones menos conocidos. Japón tiene miles de lugares que tienen árboles de sakura que no aparecen en redes sociales. La temporada de floración sigue siendo un momento mágico. Pero hasta la magia, cuando es demasiada gente queriendo verla, necesita ponerse en orden.









