8M EN JAPÓN: CUANDO SER MUJER SIGUE COSTANDO MÁS

Por: Rocio Melissa Cueva Ramos

El  8 de marzo, la imagen de la mujer invita a hacer una pausa. No porque exista algo malo en la misma, sino porque las cifras cuentan una historia que merece ser escuchada. Trabajan más que nunca, estudian más que nunca, pero siguen cobrando menos, teniendo hijos más tarde, o veces no teniéndolos, y cargando casi solas con un sistema que no se mueve al mismo ritmo que ellas.

En Japón, una mujer gana alrededor del 75 % del salario de un hombre. En términos simples: por el mismo trabajo, cobra menos. Es como si trabajara casi dos meses gratis al año. Y no es que falte empleo femenino. Lo que sobra son contratos parciales, temporales, sin estabilidad ni ascenso. En el papel, están “ocupadas”. En la vida real, están al límite.

La maternidad tampoco juega a favor. En 2025, los nacimientos volvieron a caer y marcaron el nivel más bajo desde que hay registros modernos. El discurso oficial habla de crisis demográfica, pero muchas mujeres ya tomaron una decisión silenciosa: postergar o renunciar a tener hijos. No por desinterés, sino porque hacerlo sigue significando frenar la carrera profesional en un país donde cuidar niños y adultos mayores todavía se considera “cosa de mujeres”.

Que haya una Primera Ministra no cambió esa lógica. Los números lo dicen claro: apenas uno de cada diez cargos directivos está ocupado por mujeres. El techo de cristal sigue ahí, aunque desde abajo ya nadie lo vea transparente.

La comparación duele porque no es lejana. En Perú también caen los nacimientos y se retrasa la maternidad. Las razones se repiten: salarios ajustados, vivienda cara, inseguridad, y un cambio profundo en las prioridades. Hoy, ser mujer ya no significa automáticamente ser madre. Viajar, estudiar, vivir sola o simplemente elegir distinto también cuenta como proyecto de vida.

Lo que no aparece en las estadísticas es el desgaste diario: la presión de cumplir con todo lo pendiente, el comentario fuera de lugar, la reunión donde eres la única mujer, la exigencia de rendir como si no tuvieras familia y cuidar como si no tuvieras trabajo. Esa doble carga no entra en un gráfico, pero pesa.

El 8 de marzo no es solo una fecha. Es una pausa incómoda para mirar la foto completa: salarios que no alcanzan igual, hijos que llegan tarde o no llegan, liderazgos femeninos que aún son excepción. Y una pregunta que queda flotando, en Japón, en Perú y en muchos otros lugares: ¿el cambio va a llegar solo o todavía nos toca seguir empujando?