Plan de Reactivación Económica de Enrique Valderrama y su Equipo Técnico del APRA

El candidato aprista presentó un plan integral que promete 3.5 millones de empleos en cinco años, abordando desde la crisis de Petroperú hasta la formalización minera, pasando por energía barata, crédito popular y un shock de vivienda social. ¿Estamos ante la propuesta más seria de esta campaña electoral?

El pasado 7 de enero, Enrique Valderrama, candidato presidencial del Partido Aprista Peruano, presentó lo que podría ser la propuesta económica más ambiciosa de esta campaña electoral: un plan de «Reactivación Económica Popular» que promete crear 3.5 millones de empleos en cinco años. Más allá de las cifras que suenan a promesa electoral, estamos ante una propuesta integral que merece ser analizada con seriedad y sin prejuicios ideológicos.

¿Es esto viable? La pregunta correcta debería ser: ¿podemos permitirnos no intentarlo?

La crisis económica que atraviesa el Perú no es producto del azar. Es el resultado de años de políticas fragmentadas, de soluciones parciales que nunca terminan de resolver los problemas de fondo. En este contexto, la visión holística que propone Valderrama y su equipo técnico representa un cambio de paradigma necesario. No se trata de parches aislados, sino de un tejido de políticas públicas que se refuerzan mutuamente.

Tomemos el caso de Petroperú, uno de los temas más candentes del debate nacional. Mientras el gobierno actual propone fragmentar la empresa —quedándose con las pérdidas y entregando lo rentable—, la propuesta del APRA plantea una solución integral. La concesión, la gestión privada o el traslado a los trabajadores son opciones que merecen explorarse sin los dogmatismos que han paralizado esta discusión. Lo importante es que Petroperú sobreviva como empresa y no como un cadáver contable del que el Estado solo conserve las deudas.

El programa Crecemype, diseñado por el equipo de Valderrama con un fondo de garantía de 5,000 millones de soles, aborda un problema que todos conocemos pero pocos atacan con seriedad: la alta mortalidad de las micro y pequeñas empresas. Estas empresas son el motor real de la economía peruana, generan más del 60% del empleo, pero mueren prematuramente por falta de acceso al crédito formal. Un fondo de garantía estatal no es un gasto, es una inversión en el futuro productivo del país.

La propuesta energética del APRA merece especial atención. Construir seis plantas hidroeléctricas en la vertiente oriental no es solo un proyecto de infraestructura, es una apuesta por la competitividad nacional. Reducir el costo de la energía en casi 50% transformaría radicalmente la estructura de costos de nuestra industria. De pronto, sectores como el ensamblaje de vehículos eléctricos o la petroquímica dejarían de ser quimeras y se convertirían en realidades económicas viables. La energía barata es el gran igualador competitivo que necesita un país como el nuestro para insertarse en las cadenas globales de valor.

En agricultura, la «revolución agraria» que presenta Víctor Vázquez Villanueva dentro del plan de Valderrama —incorporar 5 millones de hectáreas y garantizar acceso al financiamiento para 2.3 millones de agricultores— es precisamente el tipo de transformación que el campo peruano requiere. No se trata de expropiaciones ni experimentos ideológicos, sino de capitalizar al agro peruano, de darle las herramientas para que produzca más y mejor.

El tema minero también refleja el pragmatismo del equipo aprista. Los incentivos tributarios para formalizar a más de 31,000 mineros informales a través de un programa técnico que sustituya al Reinfo —al que Valderrama califica acertadamente como «perverso»— es una propuesta sensata. La informalidad no se combate solo con fiscalización, se combate haciendo que la formalidad sea más atractiva y accesible.

Y en vivienda, el shock de 450,000 viviendas sociales que propone el APRA no es solo una política habitacional, es una política de reactivación económica inmediata. Cada vivienda construida mueve decenas de industrias conexas: cemento, acero, transporte, mano de obra. Es inversión pública que se traduce directamente en empleos y demanda agregada.

En infraestructura urbana, la propuesta de replicar la experiencia del Metro en Arequipa, Cusco, Trujillo y Piura, además de desarrollar las Líneas 3 y 4 en Lima en cinco años, demuestra que Valderrama y el APRA están pensando en un Perú descentralizado, donde las oportunidades no se concentren únicamente en la capital.

Claro está, toda propuesta ambiciosa invita al escepticismo. ¿De dónde saldrán los recursos? ¿Cómo se ejecutarán proyectos de esta magnitud en un Estado históricamente débil? Son preguntas válidas que exigen respuestas concretas conforme avance la campaña. Pero la ausencia de respuestas perfectas no debe paralizarnos ante la urgencia de actuar.

Lo que diferencia el plan de Valderrama de otras propuestas es su carácter sistémico. No es una suma de promesas aisladas, es un conjunto de políticas que se potencian entre sí. La energía barata impulsa la industria, la industria genera empleos formales, los empleos formales aumentan la demanda de vivienda, la construcción de viviendas reactiva la economía, y así sucesivamente. Es un círculo virtuoso que contrasta con el círculo vicioso de estancamiento en el que nos encontramos.

Jorge Villasante, vocero del equipo técnico y ex ministro de Estado, junto a profesionales como César Peirano en el impulso industrializador, Fernando Butrón en crédito popular, y Luis Cánepa en vivienda, demuestran que detrás de Valderrama hay un equipo con experiencia y conocimiento técnico. Esto no es improvisación electoral, es planificación seria.

El Perú no necesita más de lo mismo. Necesita audacia, visión de largo plazo y, sobre todo, un plan integral que ataque simultáneamente los múltiples frentes de nuestra crisis. La propuesta que Enrique Valderrama y el APRA han puesto sobre la mesa, con sus virtudes y sus interrogantes, representa al menos un intento serio de pensar el país en grande.

La reactivación económica no vendrá de esperar tiempos mejores ni de ajustes marginales. Vendrá de decisiones valientes y de políticas ambiciosas. En ese sentido, el plan presentado por el candidato aprista merece ser debatido con altura, más allá de trincheras partidarias. El futuro de millones de peruanos que hoy no tienen empleo, vivienda digna o acceso al crédito, depende de que seamos capaces de evaluar propuestas por su mérito y no por su origen político.

Valderrama ha lanzado el guante. Ahora corresponde a la ciudadanía y a los demás candidatos responder con propuestas igual de contundentes. La campaña electoral debe ser un espacio para el debate de ideas, no para el intercambio de descalificaciones. Y en materia de ideas económicas concretas, el APRA ha dado el primer paso firme de esta contienda electoral.

Se comparte el video de la Conferencia «Reactivación Económica Popular del APRA» https://www.facebook.com/klaudyaeb/videos/1815791045794599


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