La fe en Dios sigue vigente y los valores cristianos perduran

Por: Alejandro Marco Aurelio Capcha Hidalgo
Periodista: Reg.- N°-4654-


Más allá de dogmas y creencias personales, la cuestión de la existencia de Dios es ineludible; si bien muchos no tenemos una respuesta definitiva, la interrogante persiste.


Con cada avance científico, el ser humano descubre una nueva manifestación o evidencia del orden divino y universal. Manifestó Albert Einstein. La investigación científica actual verifica la declaración del padre de la teoría de la relatividad.
La posibilidad de la existencia de Dios se vuelve más creíble tras el descubrimiento del ‘Big Bang’, la gran explosión de la que nació el Universo hace más de 13.000 millones de años.


A pesar del famoso anuncio de la «muerte de Dios» por parte de Nietzsche hace más de un siglo, y no obstante el profundo impacto de las teorías de Marx, Freud y Darwin en la comprensión de la conducta humana, la fe en Dios goza de una vitalidad inquebrantable en la actualidad. Más que una simple reacción contra el materialismo imperante, su vuelta a la vida en el mundo contemporáneo es una respuesta a esa incertidumbre intrínseca a la existencia misma del hombre.

El hartazgo, el aburrimiento o el tedio que generan la superficialidad y el entretenimiento banal llevan, o conducen, a los jóvenes a explorar los valores religiosos. Esto se alinea con el éxito de ‘Los domingos’, la película de Alauda Ruiz de Azúa, con la simbología cristiana empleada por la cantante Rosalía y con el lanzamiento de un libro de Byung-Chul Han sobre Simone Weil, a quien estima como la pensadora más importante del siglo XX. El filósofo coreano Byung-Chul Han argumenta que la falta de concentración del hombre actual interfiere en la percepción de lo divino o, En sus escritos, el filósofo afirma que no es Dios quien ha perecido, sino que el ser humano es quien ha perdido la capacidad de percibirlo. Indudablemente existe en la sociedad un retorno a la espiritualidad, la cual ha sido menospreciada por las élites dominantes e intelectuales, y calificada de obsoleta. Las cifras confirman fenómenos como el incremento de la participación en ceremonias religiosas de los jóvenes.


Este giro social es muy evidente, pero sería incorrecto limitarse a una explicación sociológica para este resurgimiento de la fe, ya sea considerándolo una moda, una revuelta contra la superficialidad imperante o simplemente otra controversia académica más. Sergio del Molino (Sergio del Molino, escritor, y periodista, nación en 1979 en Madrid y radica en Zaragoza) argumentaba Sergio del Molino argumentaba acertadamente que solo la neutralidad ideológica y la autonomía intelectual posibilitan un debate profundo sobre el propósito de la creencia. Esto es indudable. Evidentemente, los que desafiaban los principios inmutables hace quinientos años eran ajusticiados por herejía. Pero esta observación es solo el punto de partida y no zanja el asunto.


La pregunta por Dios es intrínseca a la búsqueda del sentido de la vida. Albert Camus, (escritor, filósofo, dramaturgo y periodista francés de origen argelino, considerado una de las figuras más destacadas del siglo XX. Ganador del Premio Nobel de Literatura en 1957) afirmaba la pregunta de si, ante la falta de un sentido trascendente, uno debe rebelarse y vivir a pesar de todo, o sucumbir a la desesperación. Es una cuestión obligatoria para todos los seres humanos dilucidar si merece la alegría vivir o, en otros términos, qué razones existen para no optar por la muerte. Considerando que la vida carece de significado intrínseco, tenemos la responsabilidad de definir nuestro propio valor. Es nuestra innata vulnerabilidad y la incapacidad de la mente humana para obtener soluciones a numerosos. La búsqueda de Dios surge de la conciencia de la finitud humana y de la admiración ante lo desconocido del cosmos, así como de la incapacidad de la ciencia para explicar el origen de la mater. La «nada» a la que se refiere, Stephen Hawking no es la ausencia total de todo sino el vacío cuántico, un concepto físico complejo que, según las leyes de la mecánica cuántica, ¿posee actividad inherente y fluctuaciones de energía?


Al biólogo inglés John Burdon Haldane (fue un genetista y biólogo evolutivo británico) le preguntaron sobre qué podía decir la biología acerca de Dios. Su respuesta da mucho que pensar. Afirmó que existen 300.000 especies de escarabajos y una sólo especie humana, lo que demostraría, según concluyó en términos irónicos, que Dios… se esmeró (o concentró sus esfuerzos) mucho más en los escarabajos que en nosotros.


Tenía más intereses en los escarabajos que en los hombres. Una exageración que expresa un desinterés relativo por la humanidad en comparación con su pasión por un campo de estudio muy específico (la entomología). Es una forma de decir: «Valoro más mi trabajo científico que las interacciones humanas».


«Nuestra capacidad de pensar nos libera de la ‘programación’ innata que rige a otras especies.»
¿Somos víctimas de una ilusión, de un sesgo mental o de una necesidad biológica de trascender? «Nuestra capacidad de pensar nos libera de la ‘programación’ innata que rige a otras especies.» La diferencia es que tenemos conciencia de nuestra condición e intentamos comprender por qué necesitamos comprender. Hay otra poderosa razón que nos mueve a indagar sobre la trascendencia: la angustia existencial. Somos seres arrojados al mundo, conscientes de nuestra finitud vital y marcados por la historicidad. Es, sobre todo, mediante el dolor y las pérdidas como adquirimos esa conciencia de nuestra precariedad.


El ser humano es un ser para la muerte» (Martin Heidegger fue un filósofo, ensayista y poeta alemán. Muchos especialistas se refieren a él como el pensador y filósofo más importante del siglo XX.) Esto se relaciona con la angustia existencial que retorna «cuando la vida nos golpea», refiriéndose a la conciencia ineludible de nuestra finitud y la falta de un fundamento necesario para nuestra existencia.
Dios no sólo es un misterio, es una presencia elusiva que percibimos, pero que nunca logramos retener. Nuestra búsqueda de lo divino nos aleja de él. Guarda un silencio absoluto, marginado de las grandes tragedias, sin intervenir para detener a los criminales. Soy consciente de que los creyentes recurren a la fe como la única ‘conexión’ posible y atribuyen el mal al libre albedrío. No puedo rebatir esas explicaciones. Al igual que el ateísmo o el agnosticismo, la fe representa una posición personal que se puede argumentar racionalmente.


No quiero entrar en una discusión teológica o filosófica sobre la existencia de Dios ni quiero convencer de nada a nadie. Lo único que sostengo es que no podemos eludir la pregunta, aunque algunos o muchos carezcamos de respuesta. El gran interrogante sobre el sentido de la vida y sobre si hay algo más allá de la muerte no es una moda ni una reacción al hartazgo social. Es algo que no podemos evitar, que forma parte de nuestra peripecia personal.


Jean-Paul Sartre (fue un filósofo, escritor, novelista, dramaturgo, activista político y militante, biógrafo y crítico literario francés, exponente del existencialismo y del marxismo) afirmaba, en resumen, como «la existencia precede a la esencia», lo que significa que primero somos y luego, a través de nuestros actos y elecciones, nos definimos a nosotros mismos. El hombre no nace con un propósito o identidad predefinida, sino que se crea a sí mismo constantemente en el mundo a través de sus decisiones. Esta libertad total para autodeterminarse puede generar angustia existencial, pues somos responsables de lo que llegamos a ser.


Platón sobre la Realidad y la Apariencia El mundo sensible no es más que la sombra de la realidad. Asimismo, sostuvo que la realidad sensible era una proyección imperfecta de una divinidad perfecta. Los hombres, encadenados en una caverna, sólo podemos ver las sombras que proyecta la luz. El mito platónico contiene una verdad paradójica: que sólo podemos imaginar lo que está fuera de nosotros y nos trasciende. Por eso, seguimos preguntándonos sobre Dios con la esperanza de poder algún día ver esa luz que hay en el exterior tras romper las cadenas de la existencia. Mantengo viva una tenue esperanza en un sentido superior, cuya naturaleza es un profundo misterio.