Del 6 al 21 de noviembre de 2025, Brasil será sede de la COP30, la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas. Este evento reunirá a líderes de más de 190 países, científicos, activistas, empresarios y representantes de organismos multilaterales para debatir medidas urgentes frente a la crisis climática. La COP no es una cumbre más: es el principal espacio de negociación ambiental del planeta, donde se define el rumbo de la acción climática global.
La COP30 será especialmente significativa por tres razones. Primero, porque se espera que los países presenten nuevos compromisos climáticos (NDC) más ambiciosos, en línea con el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 °C. Segundo, porque se revisarán los compromisos financieros asumidos en la COP29, incluyendo los fondos para adaptación y pérdidas y daños. Y tercero, porque se pondrá énfasis en una transición justa, con protagonismo de las regiones amazónicas como eje de sostenibilidad global.
En ese contexto, la presencia del presidente del Perú, José Jerí, no solo es importante: es imprescindible. No se trata de una visita protocolar, sino de una oportunidad estratégica para posicionar al Perú como actor responsable, comprometido y activo en la agenda climática internacional. El Perú es uno de los países más vulnerables al cambio climático, pero también uno de los más ricos en biodiversidad. Su voz debe estar presente, con liderazgo y visión.
Además, la COP30 se celebra en Brasil, país con el que el Perú mantiene relaciones bilaterales en excelente estado. Brasil es el principal socio comercial del Perú en Sudamérica, con una frontera compartida de más de 3.000 kilómetros, proyectos de integración energética, corredores logísticos y cooperación amazónica. En el contexto internacional, Brasil es una potencia regional, miembro del G20, del BRICS y actor clave en las negociaciones climáticas. Estar ausente sería un error diplomático y político.
La diplomacia presidencial tiene un valor irremplazable. Cuando los jefes de Estado dialogan directamente, se abren puertas que ningún ministro ni embajador puede abrir. Ejemplos sobran como el reciente pacto amazónico entre ocho países sudamericanos, impulsado por Brasil. La presencia de Jerí en Belém permitiría fortalecer vínculos con sus pares, impulsar proyectos binacionales y defender los intereses del Perú con voz propia.
Es previsible que ciertos sectores políticos y mediáticos critiquen el viaje presidencial, alegando que “hay problemas nacionales urgentes que resolver”. Esa tesis debe ser desbaratada con claridad. El presidente de la República no puede estar paralizado por el ruido interno. Dirige la política exterior del país, representa al Perú ante el mundo y tiene el deber de participar en los espacios donde se define el futuro del planeta. La COP no es una distracción: es una responsabilidad.
Además, el Perú necesita recuperar presencia internacional. En los últimos años, ha perdido protagonismo en foros multilaterales, ha sido excluido de iniciativas regionales y ha visto debilitada su imagen exterior. La participación activa en la COP30 sería una señal de que el país vuelve a asumir su rol con seriedad, compromiso y visión de largo plazo.
El presidente Jerí no debe dejarse amilanar por las críticas. Su presencia en Belém será una señal de liderazgo, de responsabilidad climática y de voluntad de diálogo. El Perú no puede quedarse al margen de las decisiones globales. La COP30 es una oportunidad que no se debe desaprovechar.








