(Imagen diseñada por Jonatan Saona con IA)
Cien años después de su publicación original, La campaña de la Breña (1921) vuelve a circular gracias al trabajo del historiador Juan José Rodríguez Díaz, quien ha preparado la primera edición moderna de esta obra fundamental escrita por Zoila Aurora Cáceres. Más que una simple reedición, este volumen de 816 páginas representa un acto de justicia histórica: reconocer a Cáceres no solo como escritora o activista feminista, sino como la primera historiadora del Perú, una condición que le fue sistemáticamente negada por sus contemporáneos masculinos.
En esta entrevista, Rodríguez Díaz —educador egresado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y especialista en la Guerra del Pacífico— comparte los hallazgos de dos décadas de investigación que culminan en un extenso estudio preliminar titulado «La campaña de la Breña en el centenario de su publicación». Su trabajo ilumina no solo la resistencia militar contra la ocupación chilena, sino las múltiples batallas que Zoila Aurora libró por preservar la memoria de su padre, reivindicar el rol de los pueblos indígenas y las mujeres en la guerra, y obtener el reconocimiento académico que le correspondía por derecho propio.
Profesor Rodríguez, usted dedica más de veinte años investigando la Guerra del Pacífico. ¿Qué lo llevó específicamente a rescatar este libro de Zoila Aurora Cáceres del olvido?
Fue un encuentro casual que se convirtió en compromiso intelectual. Hace años, un coleccionista me mostró un ejemplar intervenido por la propia Zoila Aurora: lleno de anotaciones a lápiz, separadores hechos con cajetillas de cigarrillos, correcciones obsesivas. Era evidente que seguía peleando batallas en los márgenes de su propio libro. Ese artefacto me reveló algo brutal: esta mujer no solo escribió historia, la vivió en carne propia como testigo de la Breña, la documentó con rigor científico, y murió sin que el establishment académico le reconociera su condición de historiadora. Mientras tanto, circulaban sin cuestionamiento las memorias del coronel Julio César Guerrero o los trabajos de historiadores pierolistas que invisibilizaban tanto a Cáceres padre como a Cáceres hija.

Su estudio preliminar revela que Zoila Aurora enfrentó lo que usted denomina «tres batallas por la memoria». ¿Podría explicarnos cuáles fueron y por qué fallaron?
La primera batalla fue por la memoria de la campaña de la Breña misma, que el discurso oficial quería relegar al olvido. La élite limeña prefería olvidar que campesinos indígenas y guerrilleros habían sido protagonistas de la resistencia nacional. La segunda fue por la figura de su padre, el Mariscal Andrés Avelino Cáceres, sistemáticamente difamado por el pierolismo que lo acusaba de caudillismo y ambición personal. Y la tercera, la más personal: su reconocimiento como historiadora.
En 1921, cuando publicó este libro monumental de más de 500 páginas con anexo documental, metodología rigurosa y confrontación de fuentes, Jorge Guillermo Leguía —historiador consagrado— la descalificó sutilmente en el Boletín Bibliográfico de San Marcos. La trató como mera «depositaria de documentos», sugiriendo que las verdaderas memorias las escribía el capitán Guerrero. Años después, Raúl Porras Barrenechea fue aún más cruel: dijo que solo «ahondó en confidencias paternas, animándolas con recuerdos infantiles y amenidad literaria». Es decir, le negaron el carácter científico de su obra por el solo hecho de ser mujer.
Eso contrasta dramáticamente con lo que usted demuestra en su estudio: que Zoila Aurora aplicó metodología histórica rigurosa, confrontó fuentes chilenas y peruanas, realizó trabajo de archivo y entrevistas…
Exactamente. Ella misma lo describe: organizó miles de documentos dispersos del Estado Mayor, realizó entrevistas estenografiadas a sobrevivientes casi medio siglo después de los hechos, confrontó testimonios orales con fuentes escritas para evitar el error histórico. Utilizó correspondencia oficial, archivos privados como el de Pedro Rodríguez y Félix Costa Laurent, y hasta recuperó documentación que el general José R. Pizarro le entregó en «dos costales atorados de papeles» después de una búsqueda infructuosa en archivos militares.
Su trabajo metodológico es equiparable al de cualquier historiador positivista de su época. Pero había un problema: era mujer, y en el Perú de inicios del siglo XX, se aceptaba que una mujer fuera poeta o novelista —se le concedía «capacidad creativa»— pero nunca historiadora. Eso era una transgresión intolerable al oficio masculino de escribir la historia nacional.

Fotografía del año 1949, año de preparación del libro inédito sobre la vida del mariscal
Cáceres, (Archivo de Juan Rodríguez cedido por Juan Carlos Florez).
En su estudio preliminar, usted analiza cómo Zoila Aurora tuvo que negociar constantemente con su condición de mujer para legitimar su voz…
Ella era plenamente consciente de esos obstáculos. En el prólogo de su libro, adopta una estrategia retórica fascinante: pide «indulgencia» por su «alma de mujer», pero al mismo tiempo reivindica que esa sensibilidad femenina le permite narrar con mayor intensidad emotiva el patriotismo. Juega con los estereotipos de género para hacerse un espacio: «Si te pareciere que mi alma de mujer no sabe enardecerse al fragor de la guerra, notarás en cambio que siempre se inflama con el resplandor de sus glorias».
Es una escritura estratégica: necesitaba que los lectores masculinos —que eran la inmensa mayoría— aceptaran su autoridad narrativa sin sentirse amenazados. Por eso, paradójicamente, les pide que «olviden» su condición de mujer y se concentren en el contenido histórico. Era una mujer empoderada, formada en La Sorbona, activista feminista reconocida, pero tuvo que performar humildad intelectual para ser escuchada.
Uno de los hallazgos más potentes de su investigación es la visibilización que Zoila Aurora hace de sujetos históricos ignorados: mujeres y pueblos indígenas. ¿Cómo aborda ella estas presencias?
Ahí está su gran aporte historiográfico, adelantado a su tiempo. Zoila Aurora incluye sistemáticamente a las mujeres como agentes históricos activos, no solo como víctimas pasivas. Narra los abusos sexuales sutiles de la ocupación chilena en Lima con una crudeza que ningún historiador masculino se atrevió a escribir. Rescata el papel de su madre, Antonia Moreno, como agente de inteligencia en la resistencia urbana. Menciona a Gregoria Laínez, una mujer humilde que arriesgaba su vida transportando armas, y le da voz propia: «Aunque me maten, no la denunciaré».
Y sobre los pueblos indígenas, Zoila Aurora plantea una tesis revolucionaria para 1921: que Cáceres logró incorporarlos a la resistencia porque penetró en su «psicología», estableció puentes culturales, y los trató como ciudadanos con «virtud cívica». Describe a las comunidades campesinas aportando recursos económicos, ganado, cosechas, no por imposición sino por patriotismo republicano. Es una interpretación que recién en los años 90, con los trabajos de Nelson Manrique y Florencia Mallon, empezará a ser desarrollada académicamente.
Su estudio también revela un drama personal: Zoila Aurora preparó tomos II y III que nunca se publicaron, y escribió una biografía completa de su padre en respuesta a las difamaciones de Jorge Dulanto Pinillos. ¿Qué pasó con esos manuscritos?
Ese es uno de los hallazgos más conmovedores de mi investigación. En 1947, el abogado y profesor Jorge Dulanto Pinillos publica una biografía de Piérola donde acusa a Cáceres de conspirar para asesinar al Califa. Zoila Aurora, anciana pero combativa, lo demanda judicialmente. Pierde el juicio en 1948, pero no se rinde.
Entre 1948 y 1949, retoma su viejo ejemplar de La campaña de la Breña, lo interviene obsesivamente con anotaciones en cajetillas de cigarrillos Viceroy y Old Gold, y escribe a máquina más de cien páginas de una biografía que titula El Mariscal Andrés A. Cáceres, 1836-1923. En ese manuscrito —que tuve acceso gracias a coleccionistas— despliega toda su artillería intelectual: confronta a Dulanto, cita el dictamen del jurado del premio Garcilaso que desacreditó su método histórico, y narra episodios desconocidos de la juventud militar de su padre.
El libro quedó inédito. Nunca sabremos si por falta de recursos económicos, por agotamiento físico —tenía más de 75 años— o porque intuyó que el Perú no estaba listo para aceptar la voz de una mujer historiadora corrigiendo a los hombres consagrados del establishment.
Usted menciona que hubo aliados masculinos en esta batalla, como Luis Alayza y Paz Soldán…
Así es. Luis Alayza fue un intelectual masón, folclorista, jurista y catedrático de San Marcos que mantuvo amistad con el Mariscal Cáceres y con Zoila Aurora. Fue defensor legal del colectivo Feminismo Peruano durante la huelga de telefonistas en los años 30. Y en 1954 publicó La Breña en tres tomos, una historia novelada pero con rigor documental, donde reivindicaba la campaña y a Cáceres.
Víctor Andrés Belaunde, en la ceremonia de ingreso de Alayza a la Academia Peruana de la Lengua, lo llamó «férvido evocador de la campaña de la Breña». Alayza cumplió una promesa: mantener viva la memoria que Zoila Aurora ya no tenía fuerzas para defender sola. Ella pudo partir a su autoexilio para pasar sus últimos años de vida en Madrid en la sombra, sabiendo que al menos esa batalla tenía continuidad.

¿Qué implica para el Perú de 2025 rescatar este libro y reconocer finalmente a Zoila Aurora Cáceres como historiadora?
Implica varias cosas urgentes. Primero, desmontar el canon historiográfico masculino que durante un siglo invisibilizó sistemáticamente el trabajo intelectual de las mujeres. Como dice José de la Puente Brunke, si definimos historiador como alguien que sigue reglas metodológicas, valora fuentes diversas y presenta aparato crítico, Zoila Aurora Cáceres es la primera mujer historiadora del Perú. Punto.
Segundo, implica reconocer que la historia de la Guerra del Pacífico —y en particular de la Breña— fue secuestrada por el pierolismo intelectual. Basadre, Porras, Dulanto construyeron una narrativa donde Cáceres era un caudillo ambicioso y los guerrilleros indígenas una masa irracional. Zoila Aurora ofreció una interpretación alternativa, documentada, que rescataba la agencia histórica de sectores subalternos. Fue silenciada no por falta de rigor, sino por incomodar al poder.
Tercero, este libro nos obliga a preguntarnos: ¿cuántas otras historiadoras, científicas, intelectuales peruanas fueron borradas del archivo nacional simplemente por su género? ¿Cuántos manuscritos inéditos duermen en colecciones privadas esperando justicia historiográfica?
¿Qué encontrará el lector contemporáneo en esta edición moderna de 816 páginas?
Encontrará 12 capítulos que narran mes a mes el año 1881 de la resistencia en la sierra central, con un anexo documental extraordinario: partes militares, correspondencia oficial, testimonios de combatientes. Mi estudio preliminar de casi 50 páginas contextualiza la obra, analiza sus batallas intelectuales, y demuestra por qué este libro merece estar en el canon historiográfico peruano al mismo nivel que Basadre o Bonilla.
Pero sobre todo, encontrará la voz de una mujer excepcional que fue testigo presencial de la Breña cuando niña, que se formó como intelectual en Europa, que luchó por los derechos civiles y políticos de las mujeres, y que dedicó décadas a preservar una memoria histórica que sabía en peligro de extinción. Zoila Aurora murió en 1958 sin el reconocimiento que merecía. Esta edición es un acto de reparación histórica.
Usted ha dedicado veinte años a investigar estos temas. ¿Qué representa personalmente para usted este libro?
Representa la culminación de una búsqueda que comenzó con aquel ejemplar intervenido que me mostró un coleccionista. Durante dos décadas he publicado sobre periodismo, sanidad, diplomacia, participación femenina en la Guerra del Pacífico. Pero desde que conocí los trabajos de Zoila Aurora, y esos manuscritos inéditos, me despertó a continuar modestamente esa batalla perdida por el reconocimiento.
Soy investigador de historia y docente. Me formé en San Marcos, la misma universidad donde Porras y Basadre la ningunearon. Siento que hay una deuda institucional e intelectual: poner a Zoila Aurora el lugar que nunca tuvo. Este libro, publicado por Ediciones MYL en octubre de 2025, es mi manera de saldar esa deuda simbólicamente como sanmarquino e investigador respetuoso de los aportes de las mujeres en la historia del Perú. Espero que las nuevas generaciones de historiadores, especialmente las mujeres, encuentren en ella un modelo de rigor, pasión y resistencia intelectual.
DATOS DEL LIBRO:
Título: La campaña de la Breña. Memorias del mariscal del Perú don Andrés A. Cáceres (Tomo I, 1881)
Autora: Zoila Aurora Cáceres
Edición y estudio preliminar: Juan José Rodríguez Díaz
Editorial: Ediciones MYL
Colección: Siglo XX (Historia)
Páginas: 816
Contenido: 12 capítulos, anexo documental, anexo fotográfico
Precio promocional: S/ 110
Precio regular: S/ 150
Entregas: A partir del 22 de octubre de 2025
Contacto:
📞 Cel: 983 435 834 (Ediciones MYL)
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