Unos ocho millones de bolivianos acudirán a las urnas el próximo 19 de octubre para elegir entre los aspirantes Rodrigo Paz Pereira y Jorge Quiroga, ambos de derecha, al próximo presidente del país sudamericano.
Bolivia entra en silencio electoral, 72 horas antes de que se celebre la segunda vuelta de las presidenciales y después de la primera vuelta, el pasado 17 de agosto, que marcó la derrota de la izquierda debido a la división en el oficialismo.
Durante este plazo se prohíben los actos de campaña, el consumo de alcohol y se prohíbe portar armas de fuego, entre otras restricciones.
En la primera vuelta, Paz Pereira, aspirante de centroderecha del Partido Demócrata Cristiano, se ubicó en primer lugar con 32%, seguido por el exmandatario Jorge “Tuto” Quiroga (27%), también de derecha y líder de la Alianza Libre.
Ninguno logró superar el 50%, resultado que refleja un electorado polarizado y que estuvo dominado por el Movimiento al Socialismo (MAS).
La Central Obrera boliviana (COB), la principal del país, en un pronunciamiento dirigido a los dos candidatos, advirtió con iniciar acciones de protesta ante cualquier intento de reformas a la Constitución nacional.
El balotaje se llevará a cabo en medio de una de las peores crisis económicas que se recuerda en la nación andina, con una contracción del PIB de 0,5 por ciento, el aumento de los precios de los productos de primera necesidad y un dólar paralelo duplicando la cotización oficial.
El salario mínimo es de 2.750 bolivianos (395 dólares) y la multa por no votar sería de unos 55.000 bolivianos (7.902 dólares), según el organismo electoral.
Tras dos décadas de hegemonía del MAS y un modelo sustentado en el gasto público y los subsidios, Bolivia enfrentará un desafío económico: estabilizar las finanzas sin romper el tejido social.









