Cuba desmiente categóricamente su participación en el conflicto en Ucrania

El Gobierno de la República de Cuba, a través de una declaración oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores, ha rechazado de manera contundente las acusaciones difundidas por el gobierno de Estados Unidos sobre una supuesta implicación cubana en el conflicto armado en Ucrania. La declaración califica dichas imputaciones como “mendaces y calumniosas”, carentes de fundamento y parte de una campaña mediática iniciada en 2023 sin evidencia alguna.

Cuba reafirma que no participa ni directa ni indirectamente en el enfrentamiento bélico entre Rusia y Ucrania, y que no ha desplegado efectivos militares en ese país ni en ningún otro. Las autoridades cubanas señalan que no disponen de información precisa sobre ciudadanos que, por iniciativa propia, hayan decidido involucrarse en el conflicto. Lo que sí es categórico —subraya el comunicado— es que ninguno de ellos cuenta con el respaldo, consentimiento o estímulo del Estado cubano.

El Gobierno cubano sostiene una política de tolerancia cero frente al mercenarismo, la trata de personas y la participación de nacionales en conflictos armados fuera del país, prácticas que constituyen delitos graves bajo la legislación nacional. En cumplimiento de sus obligaciones internacionales, Cuba ha actuado con firmeza: desde 2023 se han iniciado nueve procesos penales por mercenarismo contra 40 imputados, de los cuales 26 han sido condenados con penas de entre 5 y 14 años de prisión. Otros tres casos están pendientes de sentencia, y uno más aguarda señalamiento de juicio.

El comunicado también aclara que los cubanos involucrados en el conflicto han sido reclutados por organizaciones extranjeras sin vínculo alguno con el gobierno cubano. En la mayoría de los casos, el reclutamiento se ha realizado fuera del territorio nacional, entre ciudadanos que residen o permanecen temporalmente en otros países, en un patrón similar al que afecta a múltiples nacionalidades.

Finalmente, el Gobierno de Cuba denuncia que Estados Unidos no ha presentado ni podrá presentar prueba alguna que respalde sus acusaciones. La declaración califica esta campaña como una nueva maniobra difamatoria, incompatible con los principios del respeto mutuo y la verdad en las relaciones internacionales.