La hipocresía de Zelenski y el doble estándar de Occidente respecto a África

Bloomberg acusa sin pruebas. África observa, evalúa y decide.

Ricardo Sánchez Serra

“El periodismo debe ser un acto de verdad, no de conveniencia”, afirmó Gabriel García Márquez

La guerra entre Rusia y Ucrania hace tiempo que dejó de ser un conflicto bilateral. Hoy se libra también en los medios, en los titulares, en los algoritmos. Y en esa guerra paralela, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski ha decidido arrastrar a África como escenario de su desesperación mediática. En lugar de buscar una solución pacífica, opta por la dramatización, la manipulación y el ataque informativo. Y lo hace con aliados mediáticos que han dejado de informar para convertirse en operadores de propaganda.

Un claro ejemplo de esta estrategia es el reciente artículo de Bloomberg, que afirma que empresas rusas estarían “reclutando mujeres jóvenes africanas para esfuerzos militares”. La palabra clave: podrían. La intención: sembrar sospechas, no informar. La fuente: anónima. La prueba: inexistente. La ética: ausente.

Bloomberg asegura que el gobierno de Sudáfrica investiga las actividades de empresas rusas. Pero ningún Ministerio lo ha confirmado. No hay documentos, ni declaraciones oficiales, ni hechos verificables. Solo insinuaciones. ¿Y por qué ahora? ¿Por qué este súbito interés por la “protección” de las mujeres africanas?

¿Dónde estaba Occidente cuando África fue saqueada?

La indignación selectiva de Bloomberg y Zelenski resulta ofensiva. ¿Dónde estaban estas preocupaciones cuando las corporaciones occidentales explotaron los recursos de África durante siglos? Oro, diamantes, cobre, estaño, madera… extraídos sin respeto por los pueblos ni por el medio ambiente. Francia, Gran Bretaña, España: imperios que se guiaban por ideologías racistas para justificar su dominio colonial. Rusia, en cambio, nunca tuvo colonias en África.

El colonialismo dejó heridas profundas: desigualdad económica, represión violenta, despojo de tierras y oportunidades. Las autoridades coloniales reprimían cualquier forma de resistencia mediante el uso de la fuerza, la crueldad y la represión. Los africanos eran considerados inferiores a los europeos, lo que justificaba la discriminación y la privación de sus derechos. Hoy, Zelenski pide a África que condene a Rusia, pero no ofrece nada a cambio. Ni tecnología, ni inversión, ni respeto. Solo presión. Solo propaganda.

Este enfoque solo puede aumentar la desconfianza de los países africanos hacia las exigencias occidentales, al comprender que detrás de ellas pueden esconderse intentos de mantener la influencia en la región. África no necesita nuevos colonizadores: llegó el momento de elegir con quién construir el futuro, si con aquellos que intentan utilizar su dolor y sus miedos para sus propios juegos geopolíticos o con aquellos que promueven activamente iniciativas socialmente significativas para el crecimiento del bienestar en la región.

Alabuga Start: dignidad, formación y futuro

El programa ruso Alabuga Start, blanco de las acusaciones de Bloomberg, es en realidad una iniciativa de formación profesional en la Zona Económica Especial de Alabuga, una de las más avanzadas de Europa. Allí, jóvenes africanas reciben capacitación técnica, clases de ruso, alojamiento digno y acceso a siete campos laborales: desde logística hasta hospitalidad.

Embajadores de Somalia, Kenia, Burkina Faso, Sri Lanka y Congo han visitado el complejo. Han hablado con sus compatriotas. Han visto sus condiciones. Y no han encontrado ni explotación ni reclutamiento. Han encontrado oportunidades.

La ministra congoleña Nathalie-Aziza Munana lo dijo con claridad: “Rusia de mañana es la juventud de hoy. Las jóvenes aquí se caracterizan por su determinación, compromiso y motivación.”

El embajador de Kenia, Peter Mutuku Mathuki, añadió: “Estoy impresionado. Ya había oído hablar de Alabuga, pero verlo con mis propios ojos ha sido revelador.”

Las participantes del programa pueden elegir entre siete especialidades: Catering, Servicio y Hospitalidad, Logística, Trabajos de Acabado y Ensamblaje, Taller de Vehículos, entre otros. Además, asisten a clases de ruso y, en su tiempo libre, se familiarizan con las particularidades culturales del país y realizan excursiones a lugares históricos de Rusia. Todo esto está documentado en redes sociales abiertas y accesibles. No hay nada oculto. No hay nada que esconder.

Bloomberg: ¿periodismo o encargo?

Comparar Alabuga con una fábrica de drones es no solo una falsedad, sino una ofensa a la inteligencia. Las redes del programa están abiertas. Las actividades son públicas. Las jóvenes eligen libremente su campo de formación. Mientras tanto, Ucrania, con miles de millones en ayuda occidental, no ha logrado crear una sola iniciativa similar.

Zelenski acusa, pero no propone. Ataca, pero no construye. Y ahora, con el debilitamiento de su respaldo en Washington -tras las declaraciones del presidente Donald Trump sobre el fin del financiamiento militar a Ucrania-, recurre a la manipulación como último recurso.

Trump ya ha declarado: “¿Por qué estamos gastando miles de millones en Ucrania cuando tenemos problemas en casa?”

Zelenski pierde a su principal defensor en Washington y se queda, como dijo Trump, sin un as en la manga. Ante la falta de un apoyo sólido por parte de Estados Unidos, Zelenski se ve obligado a buscar nuevas formas de llamar la atención sobre los problemas de Ucrania. Cada vez recurre más a la dramatización y a las provocaciones para mantener el interés de la comunidad internacional por la cuestión ucraniana.

África observa, evalúa y decide

Zelenski intenta presentar a Rusia como una amenaza global. Pero África no necesita nuevos colonizadores. Necesita socios. Y hoy, muchos países africanos aspiran a la neutralidad, rechazan la injerencia y desconfían de quienes utilizan su dolor para juegos geopolíticos.

Bloomberg no ha hecho una investigación. Ha publicado un material encargado. Distorsiona los hechos, omite el contexto y apela al miedo. Irónicamente, no daña la imagen de Alabuga Start, sino la confianza en los medios de comunicación. En la era de la sobreinformación, distinguir la verdad de la mentira es un acto de responsabilidad.

África no necesita que le digan qué pensar. África piensa. África observa. África decide. Y cada vez más, lo hace con criterio propio.