Después de la independencia del Perú

Por: Alejandro Marco Aurelio Capcha Hidalgo
Periodista: Reg.-N°-4654-


Cuando José de San Martín proclamaba la independencia el 28 de julio de1821 dio inicio a una nueva república, que fue una suerte de Tahuantinsuyo en expresión criolla, donde cada región, a la menor falta de atención, pensó en separarse de la nación concebida, ello iba a traer abajo las exclamaciones de los gritos “¡Independencia o muerte!”, que realizaban en las plazas públicas durante la gesta emancipadora del Perú. Mientras los criollos principalmente españoles, nacidas en las colonias americanas —esos eternos sobrevivientes del sistema— se acomodaban para seguir en el poder, solo que ahora sin rey. Mientras el Perú intentaba consolidarse como Estado, varias regiones no querían ser parte de él. Lo más insólito que existía estatutos, pero no autoridad; himno, pero no adherido; normas, o letras muertes porque nadie lo cumplía. El Perú fue creado como una república unitaria, y así lo dice la Constitución de 1823 en su artículo 1: “El gobierno del Perú es popular y representativo. Su sistema es republicano”. Sin embargo, no todos aceptaron ese modelo.


Es importante señalar la Independencia del Perú, proclamada el 28 de julio de 1821 por José De San Martín, marcó el fin del dominio español y el inicio de la república peruana. Sin embargo, el proceso fue más complejo y extenso, abarcando varias etapas y contando con el liderazgo de figuras como San Martín y Simón Bolívar. La proclamación, aunque simbólica, no significó la consolidación total de la independencia, que se logró con las batallas de Junín y Ayacucho en 1824.

Remontándonos a la historia, Loreto, aquella región tan rica como olvidada, decidió en 1896 crear la “República Federal de Loreto”. Se cansó de que Lima la gobernara como un anexo distante e ignorado. Su intento de independencia duró poco, pero dejó un mensaje claro: si no hay Estado unitario real, cada uno hará el suyo.


Tampoco fue la única. La siempre soberbia y altiva Arequipa fue capital de repúblicas paralelas en al menos tres ocasiones: 1834, 1856 y 1867. La narrativa era similar: “Lima ha perdido el rumbo, y alguien debe corregirlo”. Así, los arequipeños proclamaron, por ejemplo, la legalidad de Ramón Castilla frente a los abusos de Vivanco. No se trataba de secesión geográfica, sino legal. La “Ciudad Blanca” no quería irse del Perú; quería un Perú correcto.


Como sabemos el centralismo limeño ha sido un embudo congestionado para el desarrollo nacional. Mientras Lima centralizaba, aglutinaba poder y recursos, las regiones acumulaban resentimientos. Por eso, ya en el siglo XX, surgieron propuestas de “distribución equitativa de recursos”, “autonomías regionales” e incluso ideas de “regiones macroeconómicas” autosostenibles, ajenas al presupuesto estatal.
La ironía y la sorna es ineludible cuando el Estado recuerda a Loreto solo para hablar del caucho, el narcotráfico o la deforestación; o a Arequipa, solo cuando hay bloqueos con sillar. El comienzo de descentralización efectiva queda, muchas veces, solo en los discursos de Fiestas Patrias.

El ordenamiento jurídico propio del Estado han sido usadas como armas para desobedecerlo. Los juristas peruanos entienden el “acto de desacato” como infracción a la autoridad. Pero ¿y si esa autoridad no cumple su parte del contrato social? Jean-Jacques Rousseau indicó que – el poder reside en el pueblo y que el Estado solo lo administra con legitimidad si actúa en su beneficio-. De lo contrario, la rebelión es legítima.


Tanto, Loreto y Arequipa no fueron regiones desobedientes, sino leales al contrato original. El Perú se proclamó independiente en 1821, pero aún hay regiones esperando ser reconocidas. Como dijo José María Arguedas: “El Perú es un país de todas las sangres, pero aún no de todos los derechos”. Esta frase indeleble «El Perú es de todas las sangres» es una expresión emblemática que refleja la rica diversidad cultural y étnica del país. ¡Frase! que da título a una de sus novelas más importantes, «Todas las Sangres», no solo describe la pluralidad del Perú, sino que también propone una visión de nación donde conviven diferentes culturas, lenguas y cosmovisiones.