Por: Alejandro Marco Aurelio Capcha Hidalgo
Periodista: Reg.-N°-4654-
Ante las circunstancias de conflicto de gran envergadura, y sin precedentes en la historia republicana que vive nuestro país, entre el Ministerio Público, o fiscalía, con el periodismo independiente, apelamos al filósofo, político e historiador francés, Alexis Charles Henri Clérel, conde de Tocqueville, quien es conocido por sus obras, La democracia en América.
«La democracia en América», resaltan la importancia de la libertad de prensa como un pilar fundamental para el buen funcionamiento de una república democrática en «La Democracia en América», valora la libertad de prensa como un pilar fundamental. Aunque no hay una frase específica que encapsule su visión, sus escritos sugieren que consideraba a la prensa como un contrapeso esencial al poder, capaz de informar y movilizar a la opinión pública.
El que toma la responsabilidad pública debe comprender y aceptar la obligación de rendir cuentas, porque su accionar está sujeto al escrutinio público y a la crítica. Si no comprende ello –por más que tenga el pleno convencimiento de que su desempeño es correcto y acorde al marco jurídico–, no entiende cómo funciona un Estado constitucional de derecho y no debería continuar como servidor público.
Este principio moral o norma moral de transparencia y escrutinio no es solo exigible a quienes ocupan un cargo político, sino a todo funcionario, incluyendo a fiscales y jueces.
Cabe resaltar, el filósofo francés, Alexis de Tocqueville, en su famosa obra “La democracia en América”, decía: “En nuestros días, un ciudadano a quien se oprime no tiene más que un medio para defenderse y es dirigirse a la nación entera y, si se mantiene sorda, al género humano; no tiene más que un medio para hacerlo y consiste en la prensa… La prensa es por excelencia el instrumento democrático de la libertad”.
En este contexto, hoy los medios de comunicación son un instrumento decisivo para el control del poder. Por eso, quien está en el poder, pero carece de principios democráticos busca limitar el acceso a la información y, seamos claros, la diferencia entre un demócrata y un autócrata reside justamente en la transparencia y en la forma como asume la crítica y la necesaria rendición de cuentas.
A pesar de ello, hay quienes consideran que pueden controlar los medios, a efectos de que no se difunda información que pueda serles no favorable. Muchas veces se recurre a la filtración de información en beneficio propio, para que se resalten aspectos positivos y se omitan los negativos.
La falsificación evidente de la información la hemos padecido en el pasado reciente, en la que se ha hecho aparecer información debidamente escogida por auténticos operadores políticos existentes en el Ministerio Público como en el Poder Judicial, como el trabajo realizado por unidades de investigación que, se ha demostrado, no son más que receptoras de información interesada a cambio de ensalzar la labor de quien sin respetar su obligación de reserva busca que se le promocione como eficaz e impecable.
Por consiguiente, se han fabricados celebridades que, en verdad, día a día se ha demostrado que su labor dejaba mucho que desear. Muchas de ellas, eminentes, encopetados por los medios, han pisado y pasado por encima de todo principio y respeto, haciendo intimidaciones y de advertencias la amenaza una forma de vida.
Como es habitual con muchos políticos, la sensualidad del poder hace que se sientan inexpugnables.
La reciente denuncia contra un medio de comunicación, como Willax TV, y sus periodistas, acusándolos de organización criminal por criticar la labor de algunos fiscales o por pedir explicaciones sobre ciertas conductas y malas prácticas no hace sino demostrar su incipiente democracia en un Estado de Derecho y la intolerancia de los que manejan la fiscalía.
Es muy evidente, la denuncia, lo que busca es amedrentarlos y silenciarlos. Es el momento propicio para que los gremios periodísticos, como la Federación de Periodistas del Perú FPP, el Colegio de Periodistas del Perú CPP y La asociación de periodistas congreguen y convoquen a todos los periodistas a una marcha de protesta contra el Ministerio Público, o fiscalía. La libertad de expresión es constitucional, como lo consagra la constitución de 1993, en el Título I, Capítulo I, artículo 2°, numeral 4.
Si nos mantenemos indiferentes y pasivos hoy frente a este agravio, nos estamos condenando a sufrirlo. Recordemos la famosa cita del pastor alemán Martin Niemöller, sobre la pasividad ante la persecución y el silencio ante la opresión de otros. La indiferencia ante la persecución de un grupo puede llevar a la propia victimización cuando la persecución se extiende. No nos acostumbremos a convivir con el abuso y la prepotencia. Hay que prevalecer y hacer respetar nuestros derechos constitucionales. No permitamos el inicio de un desatino bárbaro, como: – Gestapo Nazi- de 1933. Sí, esa Gestapo que operó como un órgano clave del aparato represivo del Tercer Reiche en Alemania. ¡Viva la libertad de información, opinión, expresión!









