Por: Alejandro Marco Aurelio Capcha Hidalgo.
Periodista: Reg.-N°-4654-
Haciendo un poco de remembranza la Organización de Estados Americanos OEA, fue suscrita en Bogotá – Colombia, el 30 de abril de 1948 y luego modificada mediante el protocolo de Buenos Aires, el cual entró en vigor en febrero de 1970. Cabe subrayar la Organización de los Estados Americanos es una organización internacional panamericanista de ámbito regional y continental creada el 30 de abril de 1948, con el objetivo de ser un foro político para la toma de decisiones, el diálogo multilateral y la integración de América.
Pero su excesiva politización, incapacidad de este organismo para reproducirse y cumplir sus propósitos, y que actualmente se ha convertido, infértil porque la OEA, ha entrado en una fase que puede ser irreversible y se ha convertido en una entidad ineficaz.
A ello el gobierno de los Estados Unidos ha denunciado la falta de acciones contundentes con respecto a las crisis de años en Haití y Venezuela, y sugerir que se debería revisar la existencia del mencionado organismo de integración de América.
Categóricamente la OEA es hoy un club de funcionarios de alto nivel que poco o nada hacen para contribuir a la paz, la estabilidad y la prosperidad de los 35 Estados miembros. El anterior secretario general, Luis Almagro (2015-2025), convirtió a la organización en, literalmente, un club caviar internacional. Su sesgo ideológico lo indujo a ser aval del nefasto golpista Pedro Castillo, a quien llegó a denominar como adalid de la “lucha contra la corrupción”. Salvo declaraciones aisladas, pero sin capacidad diplomática alguna, bloqueó toda acción concreta para afrontar el genocidio en Venezuela, la crisis humanitaria en Haití y las dictaduras comunistas de Cuba y Nicaragua.
La OEA está controlada por una camarilla de países caribeños de gobiernos socialistas, que no tienen relevancia poblacional y económico, pero son alfiles tanto de la Venezuela de Maduro (antes de Chávez) cuanto de China. Con el sistema de un país un voto –algo que, aunque suene como herejía, debiera ser revisado– cualquier resolución en pro de la democracia es bloqueada. En cambio, se apoya directamente la rápida conversión de la CIDH y de la Corte IDH en órganos que, si bien son nominalmente autónomos, han dejado de lado sus funciones jurídicas para ser herramientas políticas de una izquierda globalista que pretende convertirse en gobierno supranacional que atropella la soberanía de los Estados regionales. Sistema que apoya el actual secretario surinamés, Albert Randim, un izquierdista radical.
Por ello los niveles de coordinación para el desarrollo interamericano se diluyen cada vez más; y, de hecho, instancias como el antiguo TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) no solo fallaron en 1982, cuando la guerra de las Malvinas de Argentina contra Gran Bretaña, sino que hoy están ausentes en escenarios explosivos como la agresión de Venezuela contra Guyana.
Razones de sobra tiene EE. UU; si retira su aporte de 49,9 % al presupuesto de la OEA (en total de casi 93 millones de dólares), el indicado organismo se desvanecerá. Hay que guiarnos por la sensatez, circunspección y reflexión ¿Seguir invirtiendo en un foro politizado ideológicamente y actualmente irrelevante o, fomentar una corrección trascendente? ¿Qué opinan ustedes señores lectores?









