En el marco del Festival Humanístico de los ODS, la Universidad César Vallejo campus Ate ha apostado por una estrategia distinta: fusionar la educación humanística con los Objetivos de Desarrollo Sostenible para cultivar no solo profesionales, sino también ciudadanos comprometidos. Conversamos con la Mgtr. Carmen Rosa Huarcaya Llungo, coordinadora del Programa de Formación Humanística, sobre los desafíos, avances y contradicciones de este enfoque.

Magíster Huarcaya, ¿cómo surge la idea de vincular directamente la formación humanística con los ODS en este festival?
Surge como una necesidad urgente. Durante años se ha hablado de los ODS en términos técnicos o meramente institucionales, pero nosotros quisimos humanizarlos. El objetivo era claro: que el estudiante sienta que puede incidir en su comunidad desde su carrera, su cultura, su entorno. El enfoque humanístico permite eso, porque interpela, emociona y transforma.
Algunos critican que los ODS son conceptos abstractos o usados solo como imagen. ¿Cómo se evita eso?
Precisamente, la educación humanística es el antídoto contra esa superficialidad. Cuando un estudiante crea una obra literaria inspirada en el ODS 13 (Acción por el clima), o propone una solución de reciclaje desde su barrio, deja de ver los ODS como ideas lejanas. Se apropian de ellos porque los sienten parte de su identidad. Esa es la diferencia entre un festival estético y uno transformador.

¿Qué resultados concretos han visto en los estudiantes luego de participar en el festival?
Mayor empatía, pensamiento crítico más desarrollado y una clara motivación por actuar. Han nacido proyectos interdisciplinarios que vinculan arte, sostenibilidad y emprendimiento social. Estudiantes que antes eran pasivos ahora lideran clubes, campañas y hasta investigaciones con impacto local. Eso para mí es formar ciudadanía.
¿Qué papel juega el arte, la literatura o la filosofía en estos procesos formativos?
El arte canaliza la sensibilidad, la filosofía agudiza la conciencia, y la literatura permite imaginar futuros. En una sociedad cada vez más automatizada, estas disciplinas nos devuelven la capacidad de pensar con profundidad y actuar con sentido ético. Por eso apostamos por el enfoque humanístico: porque es el único que forma seres humanos completos.


Finalmente, ¿cuál es su mayor desafío como coordinadora?
Que se valore lo intangible. Muchas veces se mide solo lo cuantificable, pero el pensamiento crítico, el compromiso ético o la sensibilidad no caben en una rúbrica. Nuestro reto es demostrar que sin esos elementos, ninguna formación profesional es sostenible. Y que la universidad del siglo XXI no puede eludir su dimensión humanista.
Epílogo crítico:
La Magíster Huarcaya Llungo no recita los ODS, los problematiza. Su enfoque, más pedagógico que propagandístico, revela una verdad incómoda: sin educación crítica y sensible, el desarrollo sostenible será solo un lema más. En Ate, al menos, la transformación empieza por el aula.









