
La ciudad de Iñapari, en la región de Madre de Dios, se encuentra sumida en una crisis humanitaria tras el desborde de los ríos Maderacre y Yaverija. Más de 2.850 personas han sido damnificadas y unas 750 familias han perdido todo, viéndose obligadas a refugiarse en los techos de sus casas para salvar sus vidas.
Miriam Cruz Macedo, presidenta de la Asociación de vivienda Rosario del Acre, relata la angustiosa situación: «El agua alcanzó los 2 metros de altura, inundando por completo nuestras viviendas. Para salvarnos, tuvimos que subirnos a los techos, pero lo perdimos todo». La tragedia se agudiza con la desaparición de cuatro personas y el caos generalizado en la ciudad.
A una semana del desastre, las calles, viviendas y negocios han quedado sepultados bajo una capa de barro y escombros, mientras que la falta de servicios básicos agrava la situación. El personal policial reune esfuerzos por mantener el orden en vista de que delincuentes al visualizar el caos, buscan saquear las viviendas damnificadas.
Según los afectados, la respuesta de las autoridades ha sido insuficiente y la ayuda humanitaria escasa. Los moradores claman por medicinas, atención médica, alimentos y recursos para reconstruir sus viviendas. Sin embargo, afirman que la falta de preparación ante desastres y la negligencia en la ejecución de proyectos de prevención de inundaciones han dejado a la ciudad vulnerable.