Terroristas, principal objetivo de la fuerza naval de Israel

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Los militares de las Fuerzas Navales de Isarel  habitan en los barcos atracados en el puerto de Ashdod, en vigilancia permanente de las fronteras marítimas con la Franja de Gaza, donde aseguran que lo complicado es diferenciar civiles de traficantes en alta mar.
“Lo más difícil es diferenciar a los terroristas, que quieren infiltrarse o trafican, de los pescadores palestinos que a veces sobrepasan la línea sin saberlo”, explica el capitán de uno de los navíos, Yigal Woldromsky.

En la cubierta, un robusto cañón rojo de agua rojo y otro de munición real, son parte de la capacidad disuasoria que utilizan en sus misiones en el Mediterráneo, cuyos objetivos principales son “la defensa de Israel, atacar objetivos enemigos y labores de búsqueda y rescate”.

En la bodega interior el equipo controla las coordenadas de los posibles peligros en el mar desde cámaras de avanzada tecnología, y un piso inferior, cuenta con una habitación compartida y una cocina donde aseguran “conviven como una familia”.

A unos 50 kilómetros al norte de Gaza, Ashdod es una de las tres bases de instrucción de la Marina israelí, junto a la de Haifa, encargada del control de los límites con Líbano, y la de Eilat desde donde se custodia el mar Rojo, fronterizo con Egipto, Jordania y Arabia Saudí.

La unidad de elite “Shayetet 13”, una de las principales unidades israelíes de operaciones especiales y equivalente a los Navy Seals estadounidense, se aloja en el puerto de Atlit, al sur de Haifa, y sus actividades se desarrollan bajo total secreto.

“El mar es la frontera más larga que tenemos y es abierta, sin vallas ni barreras, por lo que es muy importante mantenerla segura”, añade Woldromsky

Un helicóptero de la Fuerza Aérea israelí colabora en esta maniobra en la que se simula el rescate de un herido sin que la embarcación aminore la velocidad.

“Practicamos situaciones reales que se pueden dar en plena batalla, y donde los marineros heridos tienen que ser evacuados en un corto espacio de tiempo”, explican los integrantes del grupo que reciben instrucciones del capitán.

Todos equipados con chaleco antibalas que, en este caso, es también un chaleco salvavidas.

El ejercicio se planifica simulando las condiciones que afrontarían en una acción real de rescate, como hacen con todas las maniobras que practican cada dos semanas, entre ellas, la reacción ante un ataque desde otras embarcaciones.

Estos días, su actividad se centra principalmente en la vigilancia por la que aseveran que la situación en la costa ha mejorado sustancialmente desde la operación militar de gran envergadura sobre Gaza en 2014.

Desde el bloqueo impuesto en el enclave costero en 2007 con la llegada al poder del movimiento islamista Hamás, las autoridades israelíes limitaron el perímetro de actividades pesqueras a tres millas náuticas, ampliado a seis en el último acuerdo de alto el fuego alcanzado tras esa contienda.

De forma temporal, el Coordinador de Actividades del Gobierno israelí en los Territorios palestinos (COGAT) amplía el perímetro en temporada de pesca, aunque muy por debajo de las 20 millas náuticas que establecen los Acuerdos de Oslo (a partir de 1993).

Traspasar estos límites pone en alerta a los barcos israelíes que, según el portavoz de la Asociación de Pescadores de Gaza, Nizar Ayash, a veces intervienen sin que hayan sobrepasado el límite. Muchos pescadores han llegado incluso a ser detenidos.

“Muchos de ellos son puestos en libertad después de unas horas de interrogatorio”, afirma el representante de la asociación pesquera, al tiempo que denuncia que las embarcaciones han sido atacadas.

Frente a estas denuncias, Woldromsky defiende que han de responder si cruzan los límites, pero afirma que antes de abrir fuego, deben haber explorado otras vías de disuasión.

“Si vemos a alguien sobrepasar el límite permitido, lo primero que hacemos es asumir que son civiles a menos que ocurra algo que lo ponga en duda, por lo tanto lo primero que hacemos es prevenir con alertas verbales o chorros de agua”, explica.

Si no retroceden, se abre fuego “pero siempre alrededor de la embarcación”.

Los uniformados devuelven a la Franja a los retenidos y confiscan el material en el caso de contrabando, explica el capitán sin revelar detalles por la confidencialidad de la información.

El año pasado, el Ejército israelí registró “decenas” de incidentes, la mayoría relacionados con actividades de contrabando para introducir armas al enclave costero, pero Woldromsky valora una progresiva estabilidad en estas fronteras marítimas que atribuye a la constante vigilancia de navíos como el suyo.

 

 

 

Fuente: El Comercio