La ideología de género carece de fundamento científico Por Daniel Brousek. Bachiller en Sagrada Teología.

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Por Daniel Brousek.
Bachiller en Sagrada Teología.

Todos los reportajes, entrevistas, informes del tema de la homosexualidad no se basan en estudios, cifras, evidencias, o razonamientos, sino que se ha encasillado el tema en el terreno sentimental y los derechos que nacen a partir de lo que un grupo siente. La industria del cine, la prensa subyugada -una vez más- por el monopolio, las agendas de gobierno que sirven intereses de grupos económicos internacionales han puesto en marcha una estrategia orquestada de concientización en un pensamiento ideológico unitario.

Si uno nació o no nació con una orientación, no es algo relevante para la medicina, ya que hay mucha gente que nace con diabetes y no por eso, deja de ser una enfermedad hereditaria. Nacer no determina la sanidad de alguien. Si algunos tienden desde pequeños y con facilidad a la obesidad, el doctor no puede argumentar que dado su estereotipo físico, podrá consumir lo que le venga en gana, sino que todo lo contrario, tiene una condición diferente que le obliga a un tipo de vida distinto y con más cuidados que el resto de personas.

Si es un diez por ciento de la población que se considera homosexual, esto tampoco es importante para la ciencia, dado que quizás haya un diez o quince por ciento de la población que sufra de caries y no por eso vamos a desalentar la higiene bucal. Lo evidente y demostrable es que la vía rectal no está ni hecha ni preparada para el acto sexual, dado que no hay en esa zona la lubricación, ni los músculos se relajan para la penetración, etcétera. Lamentablemente, hoy no existen las condiciones para debatir alturadamente con razonamientos científicos y serios sin ser linchado masivamente y etiquetado de “retrógrado, conservador, religioso fanático”, y demás términos peyorativos.

La homosexualidad es el único caso dentro de la medicina en donde deja de considerarse un fenómeno como una patología o trastorno del desarrollo psicosexual usando como criterio una simple votación y sin ningún dato científico. Dicho de manera simple: usted va al doctor con un fuerte dolor de hombro y en lugar de tomarle una radiografía para dictar un diagnóstico, se reúne con seis doctores y en una votación deciden que usted está sano y que no le duele nada. La Organización Mundial de la Salud definió en 1946 a la salud como “el completo estado de bienestar físico, psíquico y social y no sólo la ausencia de enfermedad o achaques”.

En esa línea, las personas con comportamiento homosexual presentan más problemas de salud específicos a su condición y estilo de vida. En los estudios médicos de las últimas décadas, se encuentran mayores intentos o ideas de suicidios, depresión, neurosis, farmacodependencia, consumo de drogas, naturaleza compulsiva de su sexualidad que tiende a la multiplicidad de parejas, y otras patologías que obviamente no son parte de la información que brindan los medios de comunicación y que son opuestas a la imagen que presenta la industria del cine sobre los homosexuales: equilibrados, inteligentes, incomprendidos, cariñosos, en contraposición a las familias de heterosexuales donde hay violencia, droga, y todo lo contrario.

Cuando la pantalla grande muestra al homosexual como alguien normal y muy comprensivo, que ayuda a todos, entiende a todos y perdona siempre, la vida real es totalmente diferente. Por ejemplo, en Amsterdam, el grupo de homosexuales que se describen a sí mismos como “parejas estables”, la duración promedio es de año y medio. Las evidencias y hechos concretos y reales basados en estadísticas científicas demuestran precisamente que la homosexualidad no es un opción normal y saludable. Fue en 1972, en una reunión de la Asociación Americana de Psiquiatras que se organizó una votación donde sólo participó el 25 por ciento de sus miembros, y en medio de presiones de grupos activistas homosexuales que el 60 por ciento se manifestó a favor de eliminar la homosexualidad del manual diagnóstico y clasificarlo como “una orientación sexual normal”. Ante las denuncias del modo como se procedió en la votación, en 1977 se hizo otra votación donde sí participó la mayoría de expertos del tema y el 69 por ciento calificó la homosexualidad como una adaptación patológica. Esto no fue conveniente para la prensa y los grupos activistas de entonces y de hoy, quedando en la sombra este resultado. Insisto, no existe en la medicina ningún otro ejemplo donde se decida sobre la pertinencia o no de clasificar una patología o enfermedad como un comportamiento saludable por simple votación o por lo que los grupos sienten. Acaso cuando usted va al doctor por un dolor de muelas, usted espera que el doctor le diga: “Mire, yo siento y creo, y me parece que su problema está en el dedo gordo del pie y no en la muela”. A usted no le interesa lo que el médico siente, sino que use sus herramientas científicas para evaluar la raíz del dolor. Además, imagine que en este mismo caso, quien le emite su opinión no es el médico, sino cinco enfermos que están en una camilla. Son la mayoría, es cierto, pero ¿están calificados para dar un diagnóstico?, ¿en base a qué dato científico emiten un diagnóstico?

El género no existe ni está demostrado científicamente. El género es una palabra que originalmente se usa para definir arbitrariamente para determinar si la cosa en sí que es neutra la nombramos con artículo positivo o negativo sin que tenga esto que ver con la sexualidad. Ejemplo, la palabra “calor”, por uso y costumbre, los limeños lo definimos de género masculino: “el calor”, pero en Arequipa es femenino: “la calor”. Cada sociedad define el género de la cosa. Esto se extrapola al terreno biológico y por tanto, más allá de la sexualidad uno también arbitrariamente puede construir libremente su género masculino o femenino. ¿Cuál es el rigor científico de esto?.

El origen científico del término “género” se da en 1965 con el doctor John Money de la Universidad John Hopkins de Baltimore, quien presentó como prueba irrefutable el caso de dos gemelos que él había educado. Dado que uno de ellos, siendo muy bebé había sufrido un accidente de mutilación en su circuncisión, se propuso educarlo como niña sin decirle la verdad, y al otro como varón. Sin embargo, para la ciencia se necesita un número considerable para la verificación experimental. Un solo caso no hace la diferencia, porque si es un solo caso en el que se cumple la hipótesis, es sólo la excepción a la regla. Por otra parte, el experimento falló, el gemelo jamás pudo aceptarse a si mismo, y cuando se enteró la verdad, se hizo una faloplastía. A pesar de la “educación” y “formación” del doctor Money, el gemelo nunca pudo sentirse algo diferente a lo que su naturaleza mutilada le llamaba. El experimento finalmente fue una fiasco, donde los dos gemelos terminaron suicidándose a principios del siglo XXI. Ese fue el resultado de la hipótesis “genero”, nunca se comprobó en la realidad.

Lo que sí se ha comprobado y es científico son las diferencias naturales, espontáneas, no aprendidas entre el varón y la mujer. ¿Acaso se puede construir culturalmente que el hemisferio izquierdo del cerebro femenino es más grande que el de los varones?. Esto trae consecuencias reales y concretas, verificables por la ciencia: el hemisferio izquierdo tiene que ver con el habla, el lenguaje, la lectura y la escritura, mientras que el hemisferio derecho tiene que ver con el desarrollo espacial, la capacidad musical, la creatividad y la imaginación. El hecho que en la mujer tengan un mayor número de conexiones dendríticas mientras que en el hombre los axones de las neuronas son más largos explican por qué la mujer tiene mejores habilidades verbales y el hombre es competitivo y se desempeña mejor en actividades físicas.

¿Acaso el programa educativo nacional que promueve vergonzosamente la ministra Marilú Martens está sustentado en un estudio científico o en la opinión y sentimientos de grupos interesados?. ¿La igualdad de género que promueve este gobierno tiene en cuenta que el cuerpo calloso que divide y comunica ambos hemisferios del cerebro femenino es 20 por ciento más grande que el del varón dando como consecuencia que la mujer tenga un pensamiento holístico mientras que el varón focaliza su pensamiento en cada actividad?. ¿Cuál es el criterio científico para deducir que el comportamiento masculino o femenino se puede construir?. ¿El Ministerio de Educación toma en cuenta que el lóbulo frontal del cerebro femenino madura más rápido que el del hombre, lo que trae como consecuencia inmediata que en un salón de clases las jóvenes sean más atentas y los varones son más distraídos e inquietos?. Esto son datos científicos irrefutables. Acá no se usan o deshecha términos por votación o sentimiento. En la ciencia no entra la ideología, porque la ciencia explica la realidad mientras que la ideología trata que la realidad calce con su idea.

La homosexualidad es un tema que debe estudiarse con mucha seriedad y que merece además un debate, pero en el campo que corresponde, en el campo de la ciencia, de la medicina y con datos técnicos, científicos, reales. No son las encuestas o las opiniones las que mandan acá. Cuando uno tiene un problema médico, así las encuestas o la mayoría opine que uno esté sano, esto no influye para nada en una realidad que merece ser tratada con los elementos propios de la medicina. Orientemos el debate a donde corresponda y no ensuciemos ni malinformemos a la población. Estamos delante de la ideología de género que busca imponer un comportamiento a una sociedad.