Calla y grita

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Foto: Referencial.

Desde tiempos inmemorables, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) fue cuna de paralizaciones como la que presenciamos actualmente. La voz del estudiante escuchado e ignorado, una vez más tomó por sorpresa a la ciudad, entre el desconcierto de los estudiantes y la crisis política de la que recién salimos.

Ayer en un medio local, un periodista necio y encapsulado en su órbita errónea gritaba a los cuatro vientos que si el presidente Vizcarra y el Ministro del Interior, Mauro Medina, no ordenaban enmarrocar a Gerardo Salas, líder de la toma de la UNMSM, estaban haciendo, desde ya, una mala labor y que deberían retirarse de sus cargos. No me cabe en la cabeza llamar al dirigente y no permitir que este engendre sus ideas porque el entrevistador quiere dar una cátedra de lo que intuye ser correcto.

Entonces, ¿cómo solucionar un problema si los afectados son estudiantes no escuchados? Es lamentable tener que llegar hasta estas instancias de violencia y pánico para recién darnos cuenta de que, precisamente, hay un problema en una universidad.

Es entonces cuando nos damos cuenta que pasan los años y seguimos en el pasado, donde vemos a los profesores de los colegios estatales paralizando una ciudad para ser escuchados y donde apreciamos, con una descomunal lástima, a pobladores que reclaman sus derechos al ser despojados de sus territorios por una minera.

No más vuelta atrás. Mientras el denunciado por actos ilícitos, Moisés Mamani, fue integrado a la Comisión de Ciencia, Innovación y Tecnología, sin, hasta ahora, precisar dónde culminó sus estudios secundarios, el Perú sufre en silencio y lo catastrófico vamos aceptándolo como algo normal.

Hoy por la mañana, como es rutina, prendo el televisor y observo aterrorizado lo mostrado en la ciudad universitaria. Bombas lacrimógenas, palos, galones de gasolina y piedras de gran magnitud fueron los objetos que vi con indignación. La reportera de ese medio, espantada de lo encontrado pudo ingresar a una caseta de seguridad que estaba totalmente destrozada. Ahí se dio cuenta que los carnés de visita habían desaparecido y que la indumentaria de la seguridad había sido tomada.

Protestar no está nada mal. Reclamar por tus derechos, no tiene nada de malo. Pero rechazo totalmente el uso de instrumentos para agredir a alguien. No debería ser una lucha armada, sino pacífica. Lo mismo por parte de la policía, no debió lanzar bombas lacrimógenas. Me recuerda a textos que leí de civilizaciones ancestrales que, mediante la violencia, demostraban quién era más fuerte.

Preocupación y diálogo por ellos que quieren ser escuchados. No es un delito reclamar derechos, sí actuar con violencia. Al final todo se resume en la siguiente frase mencionada por el escritor y filósofo Ralph Waldo Emerson: “La violencia no es poder, sino la ausencia de poder”.

 

Shleyter De la Cruz Merino
(Joven de la Federación de Periodistas del Perú)